Humberto Pacheco

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Martes 5 Agosto, 2014

Basta una rápida lectura de la Carta Constitucional del Grupo terrorista Hamás


Trotando Mundos

“Hamás… nunca Jamás”

Nos hemos permitido tomar el título del artículo de don Luis Fishman porque queremos mostrar nuestra total adhesión a lo que su lapidario escrito pone en clarísima evidencia.
Basta una rápida lectura de la Carta Constitucional del Grupo terrorista Hamás, alimentado por Irán y Siria, dictaduras en que no se conocen la libertad ni los derechos de las mujeres, ni nada que represente la civilización del Siglo XXI- la última capaz de hacerle la guerra química a su propio pueblo- para entender la cosa.


No necesitó el colega mayor apología por Israel pues, a quien no baste con el sangriento texto de ese documento, habría que valorarlo por un psiquiatra. De entre ese barbárico juramento entresacamos la cláusula que pone fin a cualquier discusión: “Las piedras y los árboles dirán: Oh musulmanes, oh Abdullah, hay un judío detrás de mi, ven a matarlo.”
Para mayor abundamiento, un video de una reportera árabe de Al Jazeera que han puesto de nuevo en circulación, refuerza todo lo dicho más allá de la discusión. Aunque su propósito original fuera Al Qaeda, los credos de Hamás son los mismos e igualmente terroristas.
El problema no es tan sencillo. Nada de tales dimensiones puede serlo. Tras un largo proceso de violencia los ánimos se van encendiendo y la dimensión a la que llega la violencia es mayor. Me mataron uno; mato dos; me devuelven tres muertos; y así sucesivamente. Cuando son familias enteras las que perecen la retaliación es mucho mayor y el odio que esto alimenta no conoce fronteras. Súmese que en todo núcleo humano existen los fanáticos y el escenario está sembrado.
Para quienes profesamos la religión católica, y además somos juristas, queda claro- con solo leer el manifiesto fundamentalista- el derecho de defensa de que goza la nación israelí. Lo demás son interpretaciones torcidas. Para mayor abundamiento, cambien la palabra judío por costarricense y vivirán brevemente en carne propia lo que los israelís han debido sufrir.
Pero no nos quedemos en medio oriente. La forma asquerosa en que Rusia o prorusos siembra el genocidio, derribando un avión comercial inocente en Ucrania, los pone a la par de otros genocidas de la historia. Que no nos salgan con un analista de seguridad como el que puso en cámaras Canal 7, no otra cosa que un apologista de Putin, cuando la OSCE, órgano especializado en estas investigaciones, liderado por un suizo que garantiza su imparcialidad, viene señalando a los autores. No olvidemos que éste no es el primer avión civil que derriban los rusos. Ya causaron otra tragedia con un avión de pasajeros coreano.
Y con poquito esfuerzo viajamos miles de kilómetros a Sudamérica y allí encontramos a un chofer de camión metido a zar, que encarcela estudiantes por criticar a su gobierno. Todo esto forma parte de la inexcusable megalomanía de algunos malnacidos, hambrientos de poder, que se sienten con la autoridad para subyugar a su pueblo o a un tercero a una servidumbre medieval. En ese afán, muestran poco respeto por la vida humana y por los más elementales derechos humanos y se sienten ellos los únicos ungidos.
Los países civilizados del mundo, aún a costas de tener que usar recursos muy violentos, tienen que impedir que esos abusadores- llámense musulmanes fundamentalistas, rusos imperialistas o venezolanos bolivarianos (que el gran líder nos perdone por asociar su nombre con esa basura), tomen las riendas del mundo- o de su pueblo.

Humberto Pacheco A.
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