Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 20 Febrero, 2015

En nuestra política exterior se debe priorizar el latinoamericanismo para honra de la Patria de Juanito Mora y Joaquín García Monge


Hacia el multipolarismo

El mundo actual experimenta una vertiginosa e irreversible revolución en la hegemonía política, que se manifiesta en los movimientos que, a manera de un colosal iceberg, se dan en el inmenso océano de la geopolítica actual.
En la segunda mitad del siglo pasado las superpotencias, grandes triunfadoras de la II Guerra Mundial, la URSS y EE.UU. se disputaron el mundo. Formaron en torno suyo sendos bloques, en cuyas fronteras la guerra fría se convertía en caliente; con ello invertían la producción de armas. Ambas basaban su economía en la industria pesada, es decir, en la producción de armamentos y acrecentaban su ya descomunal poderío.


Sin embargo, ambas superpotencias al finalizar el siglo (URSS) y al iniciar el siguiente (EE.UU.) entrarían en una vertiginosa e irreversible decadencia. El “campo socialista” en Europa del Este se derrumba y arrastra en su caída a la propia URSS. Europa, que ya había perdido sus colonias, busca unirse a regañadientes.
Por su parte, Estados Unidos debe reconocer, por un elemental realismo, a la Revolución Cubana, mientras América Latina exige tener un papel protagónico en la escena mundial como un bloque autónomo y no como traspatio del imperio del Norte.
Con ello aflora como fenómeno, uno de los más significativos de la escena política mundial, una tendencia incontenible hacia la conformación de múltiples bloques de naciones, unidas por la geografía, la cultura, la historia, la religión y, a la base de todo, por los intereses económicos y las necesidades sociales de las mayorías.
La razón de que la hegemonía de las superpotencias del siglo pasado se haya desmoronado en el presente tiene las mismas causas: sus contradicciones internas, de origen político en el caso del socialismo histórico, de raíz económica en el mundo occidental.
Los países de Europa del Este, cuyo “socialismo” provino no de una revolución doméstica sino de la ocupación del Ejército Rojo que heroicamente los había liberado del terror nazi, se sacudieron de los regímenes autodenominados “repúblicas populares”, al igual que los rusos lo hicieron con la URSS.
En el otro lado, ya en el siglo XXI el sistema capitalista en sus actuales estertores se basa en el corrupto poder del capital financiero especulativo (“capitalismo salvaje” de Juan Pablo II) que domina a Occidente, también se derrumba.
Como consecuencia, hoy se forman bloques político-económicos como el BRICS, que podría llegar a ser un polo de poder mundial a pesar de sus inocultables contradicciones internas.
Respondiendo a esa tendencia que anima a la escena mundial, ha surgido como genial idea del desaparecido líder venezolano Hugo Chávez, la Celac, cuya tercera cumbre acaba de realizarse en Costa Rica. Se plasma así el ideal de Bolívar y Martí, de ver una América Nuestra unida y fraternal con voz propia en el concierto de naciones del mundo, más allá de sus diferencias reales. Por eso en nuestra política exterior se debe priorizar el latinoamericanismo para honra de la Patria de Juanito Mora y Joaquín García Monge.
 

Arnoldo Mora