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Perder los buenos modales y añadir adjetivos innecesarios a las explicaciones, lo único que deja claro es que hay falta de algo, ya sea de buenas razones o de capacidad para razonar

Hacen falta estatura moral y decoro

En estos días uno de los tantos acontecimientos de roce entre políticos que se producen fue noticia en los medios y se prestó para más de una conversación en diversos ambientes. Se trata de las diferencias ventiladas públicamente (cuando de funcionarios se trata, el asunto es de interés público) entre los diputados y la ministra de Salud, María Luisa Avila.
Más allá del tema que originó la reyerta, y de quien pueda tener o dejar de tener la razón, porque todos tendrán posiblemente sus argumentos en los cuales se basan para sentir que actúan bien, lo cierto es que el mensaje que se le da a la población es negativo.
Y eso es lo que nunca debería suceder. Que funcionarios públicos, y con mayor razón aún si son de alto nivel, como en este caso, evidencien estar en una especie de berrinche tan severo que incluso esto los impulse a expresarse contra otros con calificativos ofensivos.
Recordemos que quien necesita explicarse ofendiendo a otros puede dejar la impresión, en los que desde afuera escuchan, de que carecen de sólidos argumentos. Porque cuando estos existen no hace falta más para razonar.
Las diferencias entre funcionarios de alto nivel (o de cualquier posición) deberían debatirse en privado pero, si estos salen a la luz pública, no tienen por qué significar un mal ejemplo para quienes los escuchan, es decir, la población.
Cada quien puede expresar sus argumentos de manera respetuosa ya que seguramente de esa forma serán escuchados con respeto y tomadas en cuentas sus razones. Lo otro, desatar el zafarrancho, perder los buenos modales y añadir adjetivos innecesarios a las explicaciones, lo único que deja claro es que hay falta de algo, ya sea de buenas razones, o de capacidad para razonar.
Y eso es lamentable en el caso de personas cultas y mesuradas como nuestros gobernantes. La población espera de ellos una conducta ejemplar y se decepciona cuando, por el contrario, las apariencias, al menos, muestran un cotorreo de baja altura.
En Costa Rica parece estar agotado el espacio para ello y es hora de elevar un poco la estatura moral y el decoro.
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