Hablemos de impuestos, hablemos de reforma
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Dos realidades conviven en el país, dos realidades que cambian por completo el panorama de la discusión fiscal.

En Costa Rica el 93% de las personas afirma que debemos cumplir con el pago de los impuestos. Además, un 81% reconoce que si se evaden, la calidad de los servicios públicos desmejora.

Los datos, que surgen de una investigación del CIEP-UCR, contrastan con el tamaño de la evasión y la elusión impositivas que alcanzaron el 8% del Producto Interno Bruto (PIB), según los últimos cálculos de Hacienda, para 2013.



Esto que podríamos llamar “hipocresía fiscal” es una de las dos realidades que conviven en el país, donde la mayoría afirma que debe cumplirse con el pago de los tributos, pero lo que no dice directamente, es que deben pagarla los demás.

La otra realidad, que el propio Ministerio de Hacienda desconocía hasta la publicación del informe, es que una gran parte de la población ignora las cuestiones más elementales sobre el sistema fiscal.

De los encuestados el 74% afirma que es necesaria una reforma fiscal; sin embargo, un 43% de la población no sabe quién recauda los impuestos, otro 52% desconoce qué es el impuesto sobre la renta y un 90% no conoce las propuestas del Gobierno en materia de reforma.

La evasión

La situación de la evasión es grave y abarca todos los ámbitos. Desde los accionistas de empresas que reniegan darse a conocer, hasta las personas que por ahorrar unos pocos colones no piden factura, pasando por los profesionales liberales que declaran ingresos inferiores a los que reciben.

Parte de la causa se encuentra en el mal funcionamiento del aparato estatal o, al menos, eso dicen las personas.

Un 54% de los encuestados afirma que el Gobierno utilizaría mal los ingresos de nuevos impuestos.

Otra de las causas es la percepción sobre la falta de sanciones. El 60% cree que es poco o nada probable que haya un castigo para el evasor.

Lo cierto es que el incumplimiento fiscal alcanza el 8% según el Ministerio de Hacienda. A pesar de ello, hay que tener cuidado con esta cifra pues también incluye la elusión, la cual no es un delito.

De todas maneras, si la cartera comandada por el ministro Helio Fallas pudiera recuperar aunque sea la cuarta parte, obtendría lo suficiente como para reducir el déficit en dos puntos porcentuales.

¿Ignorancia es salud?

Hay un refrán en desuso que dice que la ignorancia es salud; sin embargo, el desconocimiento reinante sobre los impuestos plantea un dolor de cabeza para Hacienda.

Si la cartera recaudadora no logra hacer llegar su mensaje a la población es difícil que esta comprenda la magnitud del problema que tiene el país y pueda presionar para generar cambios impositivos.

Y es que toda la discusión que se ha dado en el último año sobre la necesidad de la reforma no tiene otro objetivo que sanear un Estado que hace agua por todos lados e intenta mantenerse a flote a fuerza de préstamos.

La gente es poco consciente sobre la situación de las cuentas fiscales: Solo el 2% de los encuestados menciona la situación fiscal como el problema principal del país.

Sin embargo, es necesario que los ciudadanos asimilen que lo que está en juego es el futuro del país, la calidad de los servicios que recibimos y nuestro propio bienestar.

El país vive endeudándose para pagar sus gastos. El presupuesto del próximo año contempla un aumento de ¢941 mil millones, de los que la mitad se usará para pagar deuda acumulada e intereses.

Por su parte, el Estado deberá hacer un esfuerzo en la revisión de su gasto.

El 51% de los encuestados solucionaría el déficit bajando el gasto del Estado; sin embargo, los estudios indican que el ajuste por sí solo no resolvería el problema.

El Fondo Monetario Internacional, en un informe de 2013, revela que la suspensión de la acumulación de anualidades generaría un ahorro del 0,1% del PIB en tres años.

Por otro lado, un informe de Hacienda publicado el mismo año revela que limitar el pago de dedicación exclusiva generaría un ahorro del 0,02% del PIB en un año.

Donde sí habría un ahorro importante es en la limitación de las pensiones de lujo, donde el ahorro alcanzaría a medio punto del PIB.
Ante este panorama, la reforma fiscal se muestra necesaria. El remedio sabe feo, pero es mejor que la enfermedad.

Ganancia

El resultado de una reforma fiscal sería positivo, en términos de la salud del Estado.

El déficit de este año quebrará la barrera del 6%, y la aprobación del IVA, así como los cambios en renta permitirían reducirlo en dos puntos porcentuales según la OCDE.

En tanto, medidas fiscales adicionales sumadas a un control férreo del gasto podrían ahorrar un punto porcentual adicional.

Está claro que nadie quiere pagar impuestos, por más que ante las encuestas digan que sí; sin embargo, es necesario tomar conciencia de que cada año, la situación empeora, y el único final a este paso es el de la crisis.

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