Humberto Pacheco

Humberto Pacheco

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Martes 6 Mayo, 2014

Ha llegado la hora impostergable de que resolvamos todos esos abusos para volver a ser competitivos


Trotando Mundos

Habemus Caesar III

La partida de la manufactura de Intel es tema cuyas aristas es menester analizar con cuidado. Aunque la imagen país nos preocupa justificadamente, es el impacto cadena el que nos alarma momentáneamente.
Empresas que crearon divisiones enteras para servir a Intel que tendrán que dejar ir a 200 empleados aquí, 50 allá, a los que se sumarán los respectivos de contabilidad, logística y otros servicios dentro de esas mismas empresas. Al cerrar una división se van también, en proporción, empleados de esos otros departamentos. Además, se daña seriamente el balance de situación de dichas empresas. El daño es monumental.
Hay quienes afirman que las empresas “golondrina”, increíble epíteto que leímos en la Machaca, lo UNICO QUE DAN es empleo. Para nosotros cuatro mil o más familias sin empleo, sin con que cubrir ALIMENTOS, escuelas, uniformes, gasolina o buses para movilizarse, no es LO UNICO, es EL TODO.
Hace cuarenta años, cuando comenzamos a promover la inversión extranjera en serio- comenzamos porque desde siempre hemos formado parte del equipo que, con el apoyo de AMCHAM y otras entidades, sin intereses velados, hicimos realidad esta historia de éxito- la Aldea tenía entre otras, tres necesidades importantes: divisas (léase dólares); empleo para una creciente población a la que no se le vislumbraba otro que no fuera público, fuente de todos los males de ayer, hoy y mañana; y un parámetro salarial que obligara a la mejoría de toda la planilla privada del país.
En ese entonces, tanto tímidos empresarios nacionales como trabajadores se conformaban con pagar y recibir respectivamente, salarios bajos. La ciudadanía (no toda porque la que podía se iba a David, Panamá o Miami a hacer sus compras), se conformaba con productos de pésima calidad. Y los servicios públicos eran de inferior calidad, aunque eso no es del capítulo de hoy.
En estas cuatro décadas las tres metas se cumplieron: las exportaciones crecieron exponencialmente, trayendo miles de millones al país; los costarricenses conocieron un empleo tal, que uno de los problemas para atraer nuevas empresas es que nos hemos quedado sin población laboral idónea, dada la cantidad de trabajo que crearon las que vinieron (y por la inopia del INA, también tema de otro día). Durante este proceso nos convertimos en el tercer Silicon Valley del mundo, tras California y la India. Talvez algún día se le de el reconocimiento que merece a esa monumental iniciativa a la que se sumaron gobiernos y luego hasta Presidentes. 
Los empresarios nacionales tuvieron que mejorar su calidad y, a fe que lo hicieron muy bien, produciendo bajo cánones que una nueva escuela manufacturera los obligó a adoptar y pagando salarios congruentes. Para los costarricenses se abrió un nuevo amanecer en calidad de vida. Lamentablemente, por razones políticas despreciables, valiéndose de ese repunte los políticos llevaron los salarios públicos y las pensiones a niveles estratosféricos irreales, para pagar servicios de mala calidad que no había como financiar o auto-recetarse sus retiros.
Como gratificante corolario, el fisco vio sus arcas llenarse hasta que a partir del 2008 una gravísima crisis internacional se sumo a abusos nacionales muy graves que se fueron acumulando y entrambos dieron al traste con nuestra calidad de vida.
Ha llegado la hora impostergable de que resolvamos todos esos abusos para volver a ser competitivos, antes aún de pretender irnos a la conquista de nuevas empresas. Nuestros hijos y nietos merecen mejor calidad de vida. (continuará)

Humberto Pacheco A.

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