Humberto Pacheco

Humberto Pacheco

Enviar
Martes 28 Febrero, 2012


TROTANDO MUNDOS
Futboladas y Admiración por lo Lógico


Se equivocaron quienes premiaron a Jafet Soto, y no a Macho Ramírez, como el mejor entrenador. Nada tiene que ver que sus equipos, después de un campeonato muy fuerte, estén hoy en dificultades. Los premios se deben otorgar sobre la base de una larga trayectoria, no una corrida corta. No dudamos de la capacidad de Jafet, y le auguramos muchos triunfos, pero eso es el futuro mientras que el Macho lo es probado. Tres campeonatos en línea bien valen una misa.
Apoyamos la sanción a Bolaños y creemos que deben venir otras. Jugar en la Selección de Fútbol es un privilegio, no un derecho. Una oportunidad para que los buenos futbolistas sirvan a la patria que les dio oportunidades. Pero esto tiene como contrapartida una obligación. Ese privilegio se pierde cuando no se atiende el llamado sin justa causa, o peor aún, por razones de ego. Que el dinero y la publicidad no le nuble la mente a nadie.

Al marero que le tiró un objeto a Douglas Sequeira le salió barata su pachucada. Aunque según el reportero de La Nación, el juicio se retrasó porque no lo habían citado a “compadecer”, cuando por fin se dio la conciliación el que se compadeció fue Sequeira, obviándole un proceso como debió ser que hubiera sentado un precedente. Es lástima, porque estos gabarros no entienden más que con mano dura, y solo un par de buenos precedentes los van a contener. Lo irónico es que, como siempre, el “pobrecito” fue el victimario, no la víctima.
La semana anterior nos tocó viajar a Dallas, camino absurdo hacia Houston pues implica volar dos horas más y aguantarse cuatro entre conexiones. Aunque nuestro agente de viajes es muy bueno, los vuelos directos de San José estaban llenos y no hubo más remedio. Todo esto para decirles que se nos ocurrió cosa que no hacemos frecuentemente observar el aterrizaje. ¡Que impresionante es bajar en un super aeropuerto como el Dallas-Ft Worth! Múltiples pistas largas y anchas, de concreto totalmente liso y parejo, sin imperfecciones, reciben y despiden un gran número de aviones simultáneamente.
Cuanto ansiamos que algún día nuestro país, sin usar recursos propios pero otorgando y fiscalizando correctamente una concesión pública, pueda disfrutar de esa y otras infraestructuras que está pidiendo a gritos.
El viaje era para un chequeo médico y, aunque venimos haciéndolo hace varios años, la magnitud del centro médico de Houston, creciendo continuamente a pesar de su ya significativo tamaño, nunca deja de maravillarnos. Además de miles de extranjeros, allí llegan decenas de miles de norteamericanos cubiertos por su Seguro Social, que no es dueño ni administra ni gasta en construir hospitales, como tampoco en enormes y privilegiadas planillas.
Todo funciona a las maravillas porque cuando el dinero es privado, a sus dueños que les cuesta mucho, lo cuidan, y así alcanza para dar servicios de maravilla en forma eficiente y ser muy firme exigiéndolos. Cuando en cambio, el dinero no es de nadie —que es lo mismo que decir que es del pueblo y quienes lo despilfarran tienen un par de agujeros en la diestra y la siniestra, ni lo que se adquiere sirve, ni los servicios tampoco. Simple de entender, verdad?

Lic. Humberto Pacheco
[email protected]