Faltó la mitad de la tarea
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Mientras buscaba la aprobación de leyes para el libre comercio, el gobierno debió preparar a los sectores, entre ellos los pequeños agricultores, para ser eficientes y competir

Faltó la mitad de la tarea

El tema de la agricultura, que aborda en una nota este medio ayer bajo el título “Agricultura ninguneada, peligra alimentación”, nos trae una vez más al gran tema de lo que no se hizo en el país mientras se luchaba por aprobar tratados para el libre comercio: no se preparó a la mayoría de la población productiva o con posibilidades de serlo, para que pudiera aprovechar dicha apertura.
Está claro que algunos grandes productores o exportadores no necesitaban capacitación para beneficiarse con el libre comercio. Ya lo estaban haciendo o sabían cómo enfrentar la competencia.
Pero igualmente claro estaba que la mayoría de los pequeños productores de cualquier sector y, desde luego, los del agro, sí necesitaban orientación, capacitación, apropiación de las modernas tecnologías y nuevas formas de producir para igualar en eficiencia a los de otros lugares del mundo. Esa era la labor que correspondía hacer al gobierno mientras buscaba la aprobación de leyes para el libre comercio. Pero no se hizo. Es una inmensa deuda de nefastas consecuencias.

Hoy, a raíz de ello, nuestros agricultores se ven arruinados por la competencia de quienes, en el país o en el exterior, sí son capaces de producir con mayor eficiencia obteniendo así mayores ganancias. Esto a la par de que están acompañando a su falta de eficiencia los altos precios de los insumos que necesitan, los altos costos de la intermediación, entre otros factores adversos que pudieron ser previstos a tiempo.
Cuando un ministerio de salud ve venir la posibilidad de enfermedades o pandemias, educa a la población para saber defenderse de ellas y la provee de vacunas. Los gobernantes debieron hacer lo mismo en el agro: prepararlo.
A pesar de lo anterior, pareciera que hay una tendencia a obviar la causa de la poca eficiencia actual de nuestros pequeños agricultores. Una memoria demasiado flaca que pretende no recordar qué era lo que se debería haber hecho hace unos pocos años para prepararlos debidamente de cara a la apertura que se estaba propiciando.
Si no se hizo ni se hace en momentos de grandes cambios como los que se viven, quiere decir que los gobiernos han dejando de lado la naturaleza de sus funciones.
Por otro lado, puede que en este momento resulte más conveniente al consumidor adquirir productos del agro importados. Pero si en algún momento baja la oferta del exterior por causas inmanejables para este país y se disparan esos precios, la mayoría de los nacionales no podrán pagarlos.
Eso además de la desocupación en la que caen nuestros pequeños productores del agro, que probablemente no tiene capacitación ni experiencia para dedicarse a otras labores con qué alimentar y educar a sus hijos.



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