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COLUMNISTAS


Fake news, noticias falsas

Miguel Angel Rodríguez [email protected] | Lunes 04 noviembre, 2019


Noticias falsas ha habido siempre. Tal vez un colector de frutas hace decenas de miles de años, engañó a un compañero de tribu dándole una dirección falsa, para dejarse las que ha visto colgando de un árbol.

Paparruchada, que significa noticia falsa y desatinada de un suceso esparcida entre la gente, es una vieja palabra castiza.

Fake news es otra cosa. Es la noticia falsa que gracias a las redes sociales se esparce con facilidad y de manera anónima, y que por la profundidad de su penetración puede convencer a muchas personas de que es real.

Soroush Vosoughi, Deb Roy, y Sinan Ara de MIT publicaron en Science el año pasado “La difusión de noticias verdaderas y falsas en las redes” que es resultado de una profusa investigación de flujos de rumores entre 2006 y 2017 en twitter, con datos sobre unos 120.000 rumores que fueron “tuiteados” por aproximadamente 3 millones de personas, 4,5 millones de veces. Los autores clasificaron la información como cierta o falsa de conformidad con seis distintas fuentes de verificación de hechos y concluyen: “Las falsedades se difunden más ampliamente, más rápido y con mayor penetración que la verdad y sus efectos son más severos respecto a falsedades políticas” Por ejemplo el 1% más difundido de las falsedades rutinariamente alcanzo entre 1.000 y 100.000 personas, mientras las noticias verdaderas rara vez sobrepasaron las 1.000 personas. Una proporción significativamente mayor de falsedades que de noticias verdaderas tuvo una profundidad de penetración mayor a diez niveles. A las noticias verdaderas les tomó más de 6 veces mayor tiempo llegar a 1.500 personas que a las falsas.

La gravedad de los efectos de esta realidad contemporánea se nos muestra descarnadamente con la interferencia del Gobierno de Rusia en las elecciones de EEUU en 2016, lo cual quedó comprobado con el informe del fiscal especial Robert Mueller.

Frente a esta nueva circunstancia algunos opinan que debe regularse las redes y prohibir la difusión de fake news. Esa tesis merece alguna consideración con relación a información sobre hechos y no sobre opiniones, caso en que siempre sería totalmente inaceptable. Esa corriente en Europa se enfoca principalmente en que sean las propias plataformas en Internet las organizaciones que tengan la responsabilidad de catalogar cuales noticias son fake news e impedir su difusión.

Otra posición, que yo comparto, se opone a la censura previa, sea de entes públicos o de organizaciones privadas. En mi criterio en defensa de la libertad, la tolerancia y los beneficios de la innovación, lo único que debería impedirse es la incitación a la violencia contra personas o grupos específicos. Las redes sociales cumplen muy valiosas tareas en dar voz a las gentes, en transparentar lo que se quiera ocultar y en ser un baluarte contra el manipuleo de la información por los totalitarismos.

Me parece más de recibo la iniciativa del programa informático Demaskuok, que en lituano significa desenmascarar o desmitificar, desarrollado por una compañía de esa nacionalidad junto con Google y que lo que pretende es llegar al origen de los flujos de información. Sobre este algoritmo informó The Economist en la edición del recién pasado 24 de octubre.

Respecto a información sospechosa de ser fake news Demaskouk llega a determinar y exhibir su origen, que es la manera que considero más adecuada de sentar responsabilidades por la emisión de noticias falsas por las redes, y de aclarar al público esa condición de falsedad.

Este mecanismo no atenta contra la libertad de prensa ni de información.

Tampoco daña el meritorio aporte de las redes sociales para facilitar a los ciudadanos la participación libre en el debate público, tan importante para respetar la dignidad de las personas y para que la democracia pueda operar adecuadamente.

Así como en los medios de comunicación la libertad de prensa incluye la de equivocarse de buena fe trasmitiendo una noticia falsa, pero eso no implica ausencia de responsabilidad civil por el daño que a terceros pueda causar, así también Demaskouk no es censura que impida la comunicación, pero si es un instrumento para sentar responsabilidades sobre quien origine un flujo de noticias falsas en las redes sociales .



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