Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 22 Abril, 2014

El exquisito mercadeo político que propulsó a Luis Guillermo Solís hasta Zapote debe acompañarlo también en la administración de la República


Expectativas

Hace un par de semanas decíamos que el triunfo de Luis Guillermo Solís, quien obtuvo más de un millón de votos en segunda ronda, confirmaba la claridad del mandato que el electorado le ha otorgado para asumir la Presidencia de la República a partir del 8 de mayo próximo. Eso está claro y es indiscutible.
El problema que tiene ahora el Presidente electo es cumplir con las expectativas de quienes hicieron más que marcar su nombre. Le han confiado la nada fácil tarea del cambio en abstracto y confían en que cumplirá a cabalidad.
El encargo de cambiar por cambiar es una meta inconseguible por inmensurable. Por más bien intencionado que esté don Luis Guillermo, por más legitimado que haya resultado su triunfo si no empieza por enumerar sus prioridades, establecer parámetros claros y definir los pasos para alcanzarlas, no quedará bien ni con Dios ni con el Diablo.
En su primer acercamiento con el pueblo desde que alcanzó el olimpo electoral, para la presentación de solo parte de su Gabinete, el resultado no fue positivo.
Primero, porque resultó confuso el anuncio de un equipo de gobierno fraccionado. Da la sensación de que no se ha hecho la tarea, quedando claro en cualquier caso que debe terminar de cumplirla.
Segundo, las figuras presentadas llenan parcialmente esas expectativas de cambio.
El caso más criticado en redes sociales ha sido el de Celso Gamboa quien, salvo por una explicación semántica del Presidente electo, repite del actual Gobierno en la misma cartera.
Tercero, y a modo de resumen, me atrevo a pensar que en el balance por el que apuesta don Luis Guillermo entre juventud y experiencia, trayectoria política y academia, insiders y outsiders, no hay una clara manifestación de cambio por un lado, ni se logra generar la confianza que confiere lo previsible por el otro.
Así por ejemplo, quien parece no quedar bien ni con tirios ni troyanos es el futuro Presidente del Banco Central, don Olivier Castro.
Propios le critican su cercanía con los Arias y sus cargos en la función pública (SUPEN, Banco Nacional). Extraños ya dudan de la efectividad que tendría su anuncio de reducir el margen de las bandas en materia cambiaria y el cerrar la participación en MONEX.
Dice Peter Bregman en un artículo publicado por Harvard Business Review: “Fijar altas expectativas puede tener un efecto positivo, la gente necesita una meta que le obligue estirarse hacia ella”. Sin embargo advierte del problema que puede ser llevarlo al extremo, pues nos hace caer con facilidad en la autocrítica o criticamos a quienes nos rodean por no haber podido alcanzar el objetivo. “Y cuando nos castigamos o reclamamos a terceros por ese fallo, solo contribuimos a empeorar la situación. El dolor se alimenta de la impotencia y nuestra actitud quejumbrosa contribuye a ello”.
El exquisito mercadeo político que propulsó a Luis Guillermo Solís hasta Zapote debe acompañarlo también en la administración de la República, haciendo una transición de las caravanas de la alegría a la gestión del cumplimiento. Sin perder nunca de vista que no es la última Coca-Cola en el desierto.

Pedro Oller