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Deberíamos saber cómo se vencerá el obstáculo del poco tiempo que le queda a la presente administración para arrancar el nuevo tren o, caso contrario, qué medidas se toman para que un futuro gobierno no nos deje de nuevo sin él


¿Esta vez sí habrá tren?

Tantas veces les han hablado a los costarricenses de volver a tener un servicio ferroviario moderno, después de la decisión política de eliminarlo y que tantos problemas trajo, que ya no creen en que esa posibilidad se convierta en realidad.
Muchos estudios se hicieron para poner en marcha un tren, algunos de los cuales costaron muchísimo dinero de los contribuyentes y luego se engavetaron y otros fueron financiados por países amigos, pero ninguno se llevó a cabo. Uno de esos proyectos contemplaba incluso el tren de carga.
El gobierno de Figueres Olsen planificó un tren urbano Alajuela – Cartago pero no se llevó a cabo. La administración de Miguel Angel Rodríguez también planeó un tren de carga al Pacífico, pero tampoco se hizo. El gobierno de Abel Pacheco intentó un tren moderno San José – Heredia que al fin no se convirtió en realidad. Oscar Arias no puso al servicio el tren eléctrico San José-Heredia que anunció.
Hoy la presidenta Chinchilla vuelve sobre el tema evitando incluso el modelo de concesión, que los funcionarios no han logrado manejar con acierto, lo que convirtió las concesiones en el país en vía crucis de años.
Esta vez el plan se hará supuestamente suscribiendo un acuerdo con el Gobierno de España para que sea ese país quien realice el proyecto y quien, además, donará el monto para el estudio previo requerido.
El tren para pasajeros es muy necesario. No hay duda. Es más bien urgente contar con él y también con servicios de trenes que transporten las mercaderías que hoy se mueven por carreteras en tráileres que han destruido las vías, más de lo que ya estaban.
Sin embargo lo que deberíamos saber, con toda claridad, es cómo se piensa vencer el gran obstáculo del poco tiempo que le queda a la presente administración para llevar a cabo todo el proceso o, caso contrario, qué medidas se piensan tomar para que un futuro gobierno no decida dejarlo, una vez más, en la nada.
La clase política del país debería abandonar esa nefasta tradición de que lo que es proyecto de un gobierno el siguiente no lo apoye, con las excepciones del caso.
¿Por qué no puede volverse a la sana práctica, que en otra época tan buenos resultados dio de que lo emprendido sea aceptado por todos siempre que sea una necesidad real y su ejecución transparente?
Animamos a los costarricenses a no fomentar el escepticismo en el caso del tren, pero sí a exigir que, esta vez, sean tomadas las previsiones para que el proyecto no aborte.
 

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