Especialistas buscan nuevo patrón para medir economía
Imagen con fines ilustrativos. Shutterstock/La República
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El parámetro tuvo un origen humilde durante la Gran Depresión y luego pasó a ser un indicador fundamental para los gobiernos y los bancos centrales de todo el mundo. Los inversores a largo plazo asignan capital teniendo en cuenta sus datos; los operadores compran y venden acciones, bonos, monedas y materias primas sin pestañear después que sus cifras aparecen en las pantallas. Uno de esos informes que todos siguen muy de cerca llegará ese viernes, cuando Estados Unidos dé a conocer un cálculo revisado del PIB del segundo trimestre.

El problema es que –ya sea que se lo calcule por la producción, el ingreso o el gasto- al PIB le resulta cada vez más difícil seguir el ritmo de los cambios económicos.

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En una era en que con $10 se puede comprar un disco compacto o un mes de música ilimitada en streaming, es cada vez más difícil ponerle precio a la producción económica. Y, como medida acumulada que pasa por alto los efectos de distribución, el PIB encubre las crecientes desigualdades que contribuyeron a impulsar a políticos anti-establishment como Donald Trump o la reacción que llevó al Brexit.

De modo que, mientras los gobiernos del mundo rico y los mercados emergentes se esfuerzan por igual en reproducir las tasas de crecimiento y los saltos en la productividad de décadas anteriores, hay en marcha una búsqueda más urgente para lograr que el patrón económico cumpla con su propósito.

“El PIB es fácil de criticar pero algo difícil de reemplazar”, dijo Paul Sheard, economista jefe de S&P Global en Nueva York. “Si los gobiernos administran la economía basándose en esta medición, se justifica decir que deberíamos tener una medida más amplia”.

Esa búsqueda es común a iniciativas tan dispares como una casa de bolsa de Bombay y una conferencia de estadística de Dresden, Alemania. La primera, Ambit Capital, ha creado su propio índice de consumo basado en las ventas de vehículos y el consumo de electricidad como cobertura de las cifras oficiales de crecimiento de India. Esto refleja un escepticismo evidente en otros lugares respecto a que los métodos existentes no pueden medir de manera sistemática ni siquiera las partes tradicionales de la economía y a que el PIB está tan sujeto a grandes revisiones que es poco útil para tomar decisiones de inversión repentinas.

Foco equivocado

A esa preocupación se suma la de que los expertos en estadísticas estén midiendo las cosas equivocadas.

“Centrarse exclusivamente en el PIB o el crecimiento del PIB en muchas discusiones sobre políticas es engañoso”, escribió este mes Olivier Blanchard, ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional que actualmente es miembro senior del Instituto Peterson de Economía Internacional.

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Blanchard da como pruebas las crecientes discusiones sobre desigualdad en los EE.UU. y el cambio de China de la inversión al consumo.

Sin embargo, si se verifican los datos del PIB usando parámetros de felicidad, se observa una fuerte correlación, dijo Justin Wolfers, profesor de economía de la Universidad de Michigan.

“Tenemos un parámetro horrible que deja fuera muchas cosas. Esa es la teoría pero, en la práctica, resulta que a los países con altos niveles de PIB les va bien en la mayoría de las cosas que para las personas son importantes”, señaló Wolfers, ex columnista de Bloomberg View. 


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