Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

Enviar
Jueves 4 Diciembre, 2008

De cal y de arena
Escoja: Qatar o Sixaola

Alvaro Madrigal

Cansado, el Presidente de la República puso pies en polvorosa y viajó a lejanas tierras en pos de las zalamerías y los sahumerios, las genuflexiones y las sumisiones que tanto le relajan y le abomban. No le preocuparon los miles de compatriotas víctimas de devastadoras inundaciones ni los bandazos de una economía que se “enclocha”. El surmenaje presidencial tiene que ser grave como para haber impuesto en palacio el silencio cortesano, cuando lo más sano era advertirle que los angustiosos acontecimientos de aquí tornaban impertinente el viaje. Se fue y dejó atrás el rancho ardiendo. ¡Qué contraste con la actitud del Presidente de Panamá, joven y de seguro pleno de vitalidad, que interrumpió su viaje por Europa para regresarse a estar con su gente azotada por la naturaleza! Y no es que el Presidente tenga que estar aquí para volar pico y pala, achicar el bote y distribuir bolsas con ropa y comida. Su presencia es para levantar la moral de un pueblo abatido y para promover la solidaridad entre los ciudadanos, orientar las acciones de las brigadas de emergencia y hacer realidad el compromiso del Estado de auxiliar a las víctimas. Aún más, en la Arcadia de don Oscar también debió estar aquí para cesar la bronca que desataron los celos de la política —con el diputado Oscar Núñez como cruzado del zipizape— contra Daniel Gallardo, director de la Comisión Nacional de Emergencias, justo cuando las inundaciones arrasaban con viviendas, cultivos y caminos.

Destartalado el andamiaje propagandístico montado para tapar con merula los fracasos y engaños del régimen, salta a la vista lo mucho que el presidente Arias tiene que hacer para detener la creciente insatisfacción popular. El sunami en los precios de bienes y servicios, la pavorosa inseguridad ciudadana que se acompaña de una desafiante invasión del narcotráfico, la corrupción que corroe instituciones y empresas, a la par de la pobreza y la desigualdad que excluyen a una importante porción de la población, deberían forzar al presidente a tomar las riendas del poder y a imponer orden en palacio. Dijo el Dr. Arias que nuestros bancos necesitan un empujón. El también. Quizá una pócima mágica del indio Venancio le restituya la vitalidad para materializar pronto resultados positivos en los cuatro o cinco temas críticos que abaten al país. Así de simple, independientemente de lo que le digan los cortesanos y le disimulen los políticos pegados a la canoa.

Difícil tarea. El presidente Arias y su gobierno están sumidos en un mar de contradicciones a causa del derrotero impuesto por sus compromisos con el gran capital y la gran prensa, en contraste con los postulados históricos del partido Liberación Nacional y la plataforma pregonada en campaña. Y si no, léase lo que con elocuencia ha advertido la fundación que administra su ampuloso programa “Paz con la Naturaleza”: la minería a cielo abierto debe prohibirse. Qué vaina, han dejado a don Oscar y a su gobierno como al Tío Coyote: con el trasero quemado.