Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 27 Abril, 2011


Hablando Claro
Es la política…

Por suerte regresamos de la Semana Mayor curados de espantos…
Como ávidos espectadores de la cosa política podemos asistir entonces con entusiasmo a un pequeño quiebre en la rutina que nos saca del marasmo y la modorra en la que habitualmente se encuentra sumida nuestra clase política tan venida a menos en sus ímpetus desde tiempo atrás.
La escisión de la bancada oficialista y el rompimiento (¿oportunismo?) de los libertarios tras su corta unión con el oficialismo, nos puso el ajo en su salsa.
Claro que independientemente de los juramentos y las seguridades que externan unos y otros, nadie en su sano (y serio) juicio se atreverá a dar nada por sentado en estas interminables horas previas a las 9 de la mañana del 1° de mayo. Lo que sí es cierto es que hemos salido por unos días del aburrimiento y el letargo. Hay tensión en Cuesta de Moras, Zapote y los alrededores, en una semana curiosamente activa por la postergada pero al fin ejecutada salida del ministro Tijerino con visado colombiano, el fallo que habremos de conocer hoy sobre el juicio ICE-Alcatel, la elección del Directorio Legislativo, la ratificación de la dimisión del diputado oficialista Guillermo Zúñiga y el informe del primer año de gestión de la Presidenta de la República. Platillos todos más que suficientes para mantenernos atentos al devenir de nuestra metropolitana realidad sin mayor necesidad aunque con inevitable compulsión de echar una mirada a la Boda Real y la Beatificación Papal… ¡Qué semana!
Ahora bien, no nos malentendamos. No se trata de un quiebre institucional. De la caída en el infierno ni de la salvación celestial. El suelo está parejo, diría Don Pepe. No advertimos ninguna debacle. No nos matriculamos con los agoreros del caos. Solo nos anima el hecho de que la política vuelva por sus fueros, con sus devaneos, sus artes de conquista y sus habilidades y despliegues de destrezas.
¿Y por qué vale la pena el juego? Porque independientemente de lo que resulte de las negociaciones para el Directorio Legislativo, el Ejecutivo se habrá despabilado respecto de sus relaciones con los grupos parlamentarios, la oposición mayoritaria habrá echado un poco de músculo para bregar en la arena de la política real (la de tierra y agua que produce el barro) y finalmente porque tal vez y solo tal vez, los partidos políticos tomen un poco de oxígeno para airarse fuera del estrecho margen del calendario electoral.
“Es la política, estúpido, es la política”, se habría escuchado decir en el cuartel demócrata en la campaña presidencial de Bill Clinton 20 años atrás.

Vilma Ibarra