Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 20 Enero, 2014

El voto de los más jóvenes es decisivo. Están asqueados por tanta corrupción, les interesa la política ¿Quiénes los han conquistado? Falta poco para saberlo


Entre debates y encuestas

Según el Código Electoral costarricense para que un candidato asuma la presidencia de la República debe ganar las elecciones con un 40% de los votos válidos emitidos.
Una excelente actuación en los debates, un repunte en las encuestas o una participación masiva de simpatizantes en redes sociales no garantizan la llegada a Zapote.


El ganador de los debates es, de lejos, el candidato del Partido Acción Ciudadana, Luis Guillermo Solís. Equilibrado, inteligente, culto, con gran manejo de información en diversos campos y educado sin dejar de ser enérgico, se ha lucido en cada intervención.
El gran perdedor es Otto Guevara. Cuando era joven y guapo, su insolencia y agresividad lucían. Ahora que es un galán maduro y canoso, le falta simpatía y se porta como un maleducado que insulta a sus rivales. No tiene la gracia de un gran señor y cuando algún contrincante le señala sus múltiples contradicciones responde con malacrianza.
Las encuestas, por supuesto, ya lo sabemos, son relativas: nos parecen perfectas cuando favorecen a nuestro candidato y las descartamos si no nos gusta el resultado. Sin embargo, cuando la muestra es considerable, la empresa es seria y el margen de error es pequeño, representan una muestra de las tendencias de un momento.
Está claro que el único resultado definitivo será el que el Tribunal Supremo de Elecciones dicte la noche del 2 de febrero.
¿Definitivo? En este momento no parece posible que ninguno de los candidatos logre el 40% necesario. Una segunda ronda electoral es bastante probable. ¿Entre quiénes? No es seguro y aquí empieza a tomar más valor el concepto del “voto útil”.
El gran descontento de los ciudadanos con un partido que ya lleva dos gobiernos seguidos, se divide, entre los votantes mayores de 40 años, en dos tendencias ideológicas: un poco más a la izquierda o a la derecha.
Los jóvenes responden a otros parámetros. El comunismo es del siglo pasado. El muro de Berlín se cayó en 1989, antes del nacimiento de muchos de nuestros votantes. ¿A quiénes identifican ellos como izquierda o socialismo? ¿A la Bachelet, a Mujica, a Dilma? ¿Qué saben de Chávez o Fidel? ¿Tienen alguna opinión sobre Correa o Evo? ¿Qué piensan de un oportunista como Ortega?
Las campañas del miedo lideradas por los empresarios que apoyan a Guevara o Araya han sido un bumerán. Además de reproducir esquemas decimonónicos (en la Latinoamérica del siglo XIX los gamonales obligaban a sus empleados, casi esclavos, a votar por los que ellos les indicaban), es evidente que sus consultores no tienen hijos adolescentes o no conocen la sicología de los jóvenes. Basta que uno le diga a un chico que los tatuajes son horribles, que los piercings son espantosos o que votar por un candidato equis es una estupidez, para que vayan y lo hagan. Solo por rebeldía.
El voto de los más jóvenes es decisivo. Por primera vez en años, además de estar asqueados por tanta corrupción (ese tema sí les pertenece), les interesa la política, tratan de informarse y quieren un cambio. ¿Quiénes los han conquistado? Falta poco para saberlo.

Claudia Barrionuevo
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