Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 12 Diciembre, 2014

¿Podría una simplificación de la práctica canónica de reconocer la nulidad del vínculo matrimonial contribuir a solucionar los problemas de las personas afectadas?


Entre cielo y tierra


Se me hace difícil pasar por alto lo que ha sucedido a partir del complejo e interesante cuestionario de 38 preguntas que envió hace un año el papa Francisco, y que abrió un debate interno de la Iglesia católica, tal vez ignorado por sectores de la intolerancia, pero que en todo caso, tiene una profunda dialéctica sobre la familia y sus nuevos desafíos en la sociedad actual.
Extraigo algunas de las dudas:

• ¿Las parejas separadas o divorciadas y casadas de nuevo son una realidad pastoral en su Iglesia? ¿Cómo afrontarlo?
• ¿Podría una simplificación de la práctica canónica de reconocer la nulidad del vínculo matrimonial contribuir a solucionar los problemas de las personas afectadas?
• En el caso de que pidan el matrimonio los bautizados no practicantes o quienes se declaran no creyentes, ¿cómo afrontar los desafíos pastorales que derivan de ello?
• ¿Cuál es la actitud de las iglesias locales y particulares hacia el Estado como promotor de las uniones civiles entre personas del mismo sexo y hacia los involucrados en estas? ¿Qué atención pastoral se puede dar a estas personas?
• En el caso de las uniones de personas del mismo sexo que han adoptado niños, ¿qué se puede hacer a nivel pastoral para transmitir la fe? ¿Cómo se acercan a la Iglesia los padres que están en esta situación? ¿Qué es lo que piden?
• ¿Cómo puede promoverse una actitud hacia la opción de tener hijos? ¿Y promoverse un aumento de la natalidad?
Un año después de las candentes interrogantes, y como resultado del sínodo celebrado hace dos meses para analizar las respuestas de las distintas diócesis alrededor del mundo, el Papa ha considerado necesario un segundo cuestionario para hurgar sobre estos mismos temas.


En esta nueva oportunidad, se trata de 46 indagaciones que no solo los obispos tendrán que contestar, sino que han sido abiertas a movimientos laicos y otros cuerpos de la Iglesia, para ser evaluadas en octubre de 2015.
Entre las nuevas cuestiones:

• ¿Cómo hacer más accesibles y ágiles, y posiblemente gratuitos, los procedimientos para el reconocimiento de la nulidad del matrimonio?
• ¿En qué modo la comunidad cristiana dirige su atención pastoral hacia las familias que cuentan con personas con tendencia homosexual? ¿Cómo se puede evitar cada injusta discriminación?
Sin dudas este movimiento de profundización, que incluso está evaluando cierta parte de la praxis ortodoxa, refleja mucho el espíritu del actual Papa, de reconciliación e incluso coraje para afrontar reticencias, que si bien es cierto aún no se puede decir que vayan a producir cambios doctrinales, sí demuestran el empeño de una renovación que persiguen en la relación de la Iglesia católica con las familias bajo las circunstancias en que conviven hoy.

Luis Alberto Muñoz Madriz

@luisalberto_cr