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Viernes, 16 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Entre cielo y tierra

Luis Alberto Muñoz [email protected] | Viernes 12 septiembre, 2014


¿Cuál será la causa de nuestra crónica degradación?


Entre cielo y tierra

Es evidente que la corrupción en la sociedad costarricense es el peor de todos los males, es el motivo por el cual el país no se supera, se estanca y retrocede en diversos aspectos.
El informe presidencial de los 100 días, solo vino a reafirmar algo que ya se intuye, se siente, se huele en el ambiente, la práctica común del mal manejo de los fondos públicos y el desvío de los propósitos para los cuales fueron creados.
Pero el ámbito privado no está exento de estos males. Las constantes listas de los deudores del Seguro Social, el contrabando, las evasiones fiscales que van desde aduanas hasta abusos de exoneraciones, etcétera, en resumen, no existen corruptos sin corruptores, claro está.
En contexto, la corrupción es un problema mundial, y no existe una sociedad exenta de ella. Sin embargo, sí existe una diferenciación en la gravedad y la intensidad con que se presenta.
Mi intención aquí no es entrar en rankings u otro tipo de comparaciones internacionales, ya que me parece que para el caso de Costa Rica está bastante claro que este flagelo condena el desempeño de un Estado social, muy deficitario a la hora de atender a la población más necesitada.
Por otro lado, también la corrupción y todas sus derivaciones, generan el abuso del poder público, la dejadez gubernamental y la impasibilidad para cumplir sus funciones, los cuales tienen al país rezagado en materia de competitividad y en el desarrollo económico.
El resultado de estos dos efectos, uno social y otro económico, es una sociedad insegura y que se corrompe poco a poco más y es incapaz de corregirse a sí misma, o legislarse con rectitud.
Entonces, ¿cuál será la causa de nuestra crónica degradación?
Considero que el declive sistemático que experimentamos proviene de la degeneración del régimen político costarricense, el cual ha ido perdiendo su razón de ser, el motivo por el cual había sido creado, para dar paso a una lógica más individualista y orientada a la generación de beneficios y utilidades particulares.
Se han extraviado aquellos ideales constitucionales, las fuerzas morales que nos impulsaron a unirnos y conformarnos como una nación.
De ese espíritu por una igualdad moral, por la búsqueda de la dignidad humana, de una clase gobernante sometida al imperio de la ley, y no utilizándola a su favor o propio beneficio, lastimosamente nos va quedando poco.
En especial de una autoridad, que por propia voluntad se someta a límites y controles, para proteger a los gobernados del ejercicio de un poder caprichoso, vanidoso y enfatuado, y que más bien entienda que su papel es el de ser, tomando palabras del Dr. Fernando Zamora, “primera servidora entre iguales”.

Luis Alberto Muñoz Madriz

@luisalberto_cr