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Sábado 22 Enero, 2011


Hoy muchas personas piensen en una forma ecológica de descansar eternamente. Las empresas funerarias tendrán que evolucionar, así como los fabricantes de féretros

Entierros ecológicos

La preocupación por el ambiente está llevando a que muchas personas piensen en una forma ecológica de descansar eternamente. El cuerpo es, al final de la vida, un simple residuo y hay que disponerlo de la mejor forma. Por ello, se transforman ritos y costumbres.
Esperamos que esta tendencia también empiece a tener adeptos en Costa Rica. Si una persona en vida se preocupa por la naturaleza, también querría no contaminarla una vez fallecida.
Es así como están surgiendo ataúdes ecológicos, elaborados con materiales naturales, arcillas o semillas, o madera certificada o de reforestación pero sin pinturas con elementos químicos. También se busca eliminar el uso de productos químicos en los procesos de embalsamamiento.

El otro aspecto es el lugar de descanso. Un nicho común y corriente, con cemento y varilla o un lugar de paz y rodeado de naturaleza viva, como un bosque ¿Cuál prefiere usted? En muchos lugares la gente quiere que la entierren debajo de un árbol escogido, o incluso sembrado en vida por el propio difunto. La opción de la incineración toma adeptos en el mundo, pero hay que decir que esta genera emisiones contaminantes de dioxinas o mercurio, además de gastos energéticos. El humo de los centros de incineración produce CO2 y muchas personas tienen amalgamas dentales que producen gases contaminantes. Algunos féretros tienen elementos de pinturas o barnices que contaminan. Según las Naciones Unidas la contaminación de los entierros produce el 0.2% de la emisión global de dioxinas y otros tipos de contaminantes.
Otra forma ecológica que eligen algunas personas, es la de donar el cuerpo (y órganos) para investigación a universidades.
En Suecia el “entierro ecológico” está de moda. Buscan transformar el cuerpo en abono orgánico. Primero sumergen el cadáver en nitrógeno líquido para congelarlo. Así la materia orgánica se vuelve mas frágil y quebradiza. Luego una máquina sacude el cuerpo y quedan pequeñas partículas. Estos restos se esparcen en “tumbas” poco profundas fertilizando los suelos. Incluso, algunos siembran en el lugar un árbol que recuerde la existencia “ecológica” del muerto. Se cumple la cita Bíblica “polvo eres, polvo serás”.
Por su parte, en España un 25% de las incineraciones ya se consideran ecológicas. Se utilizan urnas de cerámica con resinas vegetales, o cristalizadas con sal, de materiales no contaminantes que se integran rápidamente a la naturaleza. Otros, por su parte, dan un certificado ecológico de que el ataúd es de bosque manejado, reforestado o de materiales ecológicos como cartón, maíz, bambú, o cáscara de almendra. Ataúdes biodegradables (cartón, papel, etc). También la ropa final del muerto es de material ecológico.
En Estados unidos se hizo una encuesta entre jubilados y gente mayor de 50 años. Un 21% manifestó que deseaban un entierro ecológico. En este país los entierros tradicionales requieren cada año 82.000 toneladas de acero; 2.500 toneladas de bronce y cobre y 1.4 millones de toneladas de cemento; 3.1 millones de productos químicos usados en embalsamamientos (el Formaldehyde) que se filtran hasta aguas subterráneas y pueden afectar a los trabajadores de las funerarias (la EPA lo considera como un probable agente cancerígeno). Todo esto significaría un mayor gasto energético, un incremento del calentamiento global y producción de gases efecto invernadero.
Estas nuevas costumbres requieren una aceptación por parte de la Iglesia católica, en primer lugar, y otras religiones. Pero lo más importante es lograr un cambio en la mentalidad de las familias y del difunto, para que, en vida, deje expresada su voluntad de tener un entierro ecológico. Además, parece que los entierros ecológicos y el uso de féretros biodegradables pueden resultar mas baratos.
Y, si eso se logra, los empresarios aparecerán. Se tendrán técnicas ambientales y cementerios ecológicos (áreas reforestadas o de montaña). Las empresas funerarias tendrán que evolucionar, así como los fabricantes de féretros. No nos queda duda de esto.
Que me acuesten en un ataúd biodegradable. Que me incineren con sistemas de eficiencia energética y de altas temperaturas y que las cenizas las lancen al fondo del cráter del Volcán Poás. A ver si se cumple mi voluntad.

Alexander Bonilla Durán
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