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La Constitución nos impone el deber de contribuir pero también existe el mandato para el Gobierno de administrar con inteligencia y sujeción a un presupuesto en donde el gasto ordinario no se financie con deuda


En la víspera de Navidad

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"El presupuesto del Estado debe estar equilibrado, el tesoro debe ser reaprovisionado, la deuda pública debe ser disminuida... para que el Estado no vaya a la bancarrota... "

Esta frase, que parece ser un diagnóstico exacto de la situación de nuestro gobierno, no es atribuible al humilde autor de esta columna o a cualquier otro que con más capacidad la hubiese acuñado recientemente.
La contundencia de este diagnóstico es propia de Marco Tulio Cicerón, quien en el año 55 antes de Cristo se preocupaba por la Hacienda Pública del Imperio Romano.
En estos días de meditación y recogimiento vale la pena hacer un llamado a aquellos que gobiernen nuestro país para que atiendan las palabras que fueron dichas años antes del nacimiento de nuestro salvador Jesucristo.
El otro año traerá un nuevo Presidente, el cual, sin importar su tendencia política, encontrará en la mesa un problema heredado desde hace muchas administraciones: un incontrolable déficit público. El mismo es producto del exceso de gastos de un aparato estatal sobredimensionado, pesadas obligaciones financieras propias de la deuda interna y externa e ingresos insuficientes para hacerles frente.
Igualmente se habla de reforma fiscal, pero esa no puede venir sola, sino acompañada del ordenamiento de las cuentas públicas. Por lo anterior, los discursos que abogan por un aumento del tamaño del Estado, mayores actuaciones por parte del mismo e injerencia en ámbitos propios de los agentes económicos privados resultan sumamente preocupantes.
La Constitución nos impone el deber de contribuir pero también existe el mandato para el Gobierno de administrar con inteligencia y sujeción a un presupuesto en donde el gasto ordinario no se financie con deuda.
La solución al problema no es recolectar más impuestos. El recorte de gastos públicos es un capítulo ineludible el cual debe ser enfrentado con coraje y valentía pues el futuro de todos los costarricenses está en las manos de quienes lleguen a ostentar el poder como producto de las próximas elecciones.

¡Feliz Navidad para todos!

Randall Madriz
[email protected]

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