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Martes, 15 de octubre de 2019



COLUMNISTAS


En llamas

Eleonora Badilla [email protected] | Viernes 30 agosto, 2019


En llamas Amazonia y Siberia; en llamas Angola y el Congo; en llamas Guatemala. Nace desde adentro una profunda vergüenza, tristeza y enojo saber que, estamos dejando a las nuevas generaciones sin oxígeno, y en breve, al planeta sin vida. Y como educadora, me indigna saber que en mi país además, estamos dejando nuevas generaciones sin consciencia y sin conocimientos para que (en caso de que sobrevivan el desastre ecológico) puedan revertir los incendios, la violencia, la ignorancia: en llamas, también nuestra educación.

Crece la vergüenza y tristeza no solamente frente a las consecuencias para la vida en el planeta, sino frente a nuestros nietos y nietas; frente a sus coetáneos y congéneres. No les estamos preparando para reponerse al desastre, ni para evitar que se repita.

En Costa Rica, como cada dos años, el Informe del Estado de la Educación nos sacude con datos cada vez más alarmantes sobre la creciente precariedad del sistema educativo. Editoriales en la prensa, comentarios en las redes sociales, artículos de opinión, foros, mesas redondas, clamor por acuerdos nacionales, se suceden por algunas semanas. A veces me parece que son simulacros ante lo que deberíamos hacer, como si el incendio educativo no fuera real. Porque el susto por la sacudida pasa y durante el siguiente año y medio previo al siguiente informe, comenzamos a mirar para otros lados, sin asumir la emergencia que implica un incendio. Los sucesivos acuerdos nacionales duermen, juntos, en alguna gaveta y poco a poco las alarmas se van silenciando… hasta el próximo informe que da cuenta que las llamas en nuestra educación van en aumento.

Los resultados del VII informe del Estado de la Educación, recientemente publicado, repiten en gran medida la voz de alerta de hace dos años (y de hace cuatro…). Y esta vez con al menos dos agravantes muy peligrosos. Por una parte, en el 2018 el derecho a huelga se impuso (y al parecer se volverá a imponer en el 2019) al derecho a la educación y dejó por meses (y volverá a dejar) a miles de niños, niñas y jóvenes fuera de un ya deteriorado sistema educativo público. Por otra parte, intereses no muy claros, lograron que el Ministro de Educación, Edgar Mora dejara el lugar desde el cual visualizaba el futuro y señalaba un camino para atender las alertas que se han encendido en relación con la educación pública desde hace muchos años. Por ejemplo, Mora quería elevar los estándares para la contratación de docentes, lo cual hubiese hecho que los centros formadores también replantearan los suyos.

¿Cuánto tiempo le toma un ecosistema recuperar lo perdido en un incendio? Escucho que doscientos años. Tal vez más. ¿Cuánto tiempo le tomará al sistema educativo costarricense recuperar lo perdido en años de alarmas y simulacros? ¿Otros doscientos? Tal vez más.

Pero lo más grave no está en la dificultad para recuperar un sistema educativo propio de los siglos XIX y principios del XX porque ese sistema, propio de la III Revolución Industrial, ya cumplió.

El verdadero reto está en diseñar una nuevo sistema educativo. ¿Un sistema propio de la IV Revolución Industrial? Sí, pero sin oxígeno ni vida en el planeta, no habrá una nueva revolución industrial.

Por eso la extrema urgencia es diseñar un sistema educativo cuyo fin último sea elevar la conciencia planetaria; recobrar la paz interna, la convivencia armoniosa y el respeto por todas las formas de vida. Y, también, los conocimientos disciplinares que se requieran.

Nuestra educación está en llamas. ¿Será que finalmente podremos actuar como si el incendio fuera en nuestra propia casa?

Porque lo es.








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