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Sábado 10 Noviembre, 2007

El valor de la verdad

El valor que más importancia tiene es el de la verdad, porque en la verdad se cimentaron la honradez, la justicia y la equidad social. En la verdad fueron construidas las garantías sociales y la eliminación del ejército para optar por una nación de tolerancia hacia la diversidad de criterios.
Los artistas debemos tomar parte activa del cambio social que acontece y ser la voz de aquellos que no pueden hablar, aunque esto nos cueste el oprobio de todos o de unos cuantos.
Es una verdad que el mundo de la equidad, de las garantías sociales, del acceso a la alimentación digna no como privilegio, sino como derecho propio del ser humano, no es el mundo que con tanto afán estamos construyendo con nuestras decisiones actuales.
Nuestros pasos guiados por la avaricia y el egoísmo desmesurado, hacen que aceptemos sin pensar, las disposiciones de un crecimiento económico sin conciencia social.
Cuando aceptamos que las semillas sean patentadas, no solo se está tomando una disposición de vida para la sociedad costarricense, sino que se está aceptando ser parte activa de aquellas disposiciones que excluyen a los pobres del mundo y les condenan en el futuro a la miseria, sin otra opción más que la de ser hijos sempiternos del olvido.
Aceptar el otorgamiento de patentes sobre plantas y semillas, permitiendo que se apropien de estas así como de su capacidad de reproducción, obligando a los más pobres al pago de cuotas indefinidas para su uso o explotación de las cosechas que de estas deriven, es el daño más grande a la dignidad humana.
Ninguna persona que abogue por la paz, ninguna persona que haya condenado alguna vez la discriminación social manifiesta en sus múltiples formas, podrá estar de acuerdo con tales disposiciones.
No es en vano que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró tiempo otrora, que la esperanza de vida en los países más ricos del mundo excede actualmente en más de 30 años a la de los países más pobres y apenas hace tres años, la misma Organización y la UNICEF manifestaron en un informe publicado el 26 de agosto, que más de 2.600 millones de personas (más de un 40% de la población mundial) carecen de acceso a saneamiento básico y más de 1.000 millones de personas todavía utilizan agua obtenida de fuentes insalubres.
Esta es la verdad: que existe desigualdad en el mundo cuyo constructor innegable ha sido el hombre. Nosotros no debemos incrementar la brecha entre los grupos sociales tomando opciones carentes de humanismo. Aceptar que las semillas sean patentadas es también ser parte innegable del empobrecimiento del mundo con sus múltiples acepciones, guiados por la búsqueda de un crecimiento económico sin rasgo alguno de equidad social.
Hoy sabemos que los 20 países más pobres del mundo son africanos, pero la constante presentación de sus pobladores en los medios de comunicación masiva han generado nuestra desensibilizaciòn y les observamos como los pobres del mundo de un modo irremediable.
Cuando todas estas personas que no pueden comprar alimento para sus hijos en los tiempos actuales, tampoco puedan sembrarles ni cosecharles debido a la imperante necesidad de cancelar rubros inefables a las empresas poseedoras de tales patentes y todo cuanto suceda en el futuro haya recibido nuestro aval sin protesta alguna, entonces nosotros también seremos culpables de cada muerte producto de la indiferencia y el hambre.
La vergüenza nunca nos habrá pertenecido tanto como en ese momento y nuestros hijos nos recordarán, no por aquello que hicimos, sino por cuánto dejamos de hacer.
Es necesario pensar con humanidad, evocar la conciencia social y saber que la verdad debe ser buscada por cada uno de nosotros con criterio racional y emotivo, o perderemos el mañana al negarnos a tomar las disposiciones con la humanidad que nos corresponde. Porque el futuro que tanto anhelamos, no es otra cosa que el ahora y sus consecuencias.

Randall Roque
Escritor Costarricense
[email protected]