Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 12 Noviembre, 2013

Habría que advertir la auto-exclusión de los sectores sindicales de dichos espacios para no legitimarlos. Para entonces concluir, sin síndrome, que el pato está cojo


El síndrome del pato cojo

“Se denomina el síndrome del pato cojo al fenómeno político consistente en la pérdida de apoyo que los gobiernos suelen tener de sus propios partidos y partidarios en su última fase, y que deriva de que los políticos más cercanos empiezan a operar más en conformidad a las expectativas de gobierno futuras que a las del gobierno actual”.
En otro intento de este Gobierno se ha presentado un nuevo texto de reforma fiscal denominado “En ruta hacia la Consolidación Fiscal: Agenda para un diálogo nacional”.
Para quienes no estaba muy clara la motivación, porque la justificación ha sido siempre el déficit fiscal, la cita anterior que tomo prestada del blog In solis sis tibi turba locis puede servir de aclaración.
En complemento, se pueden repasar las declaraciones de Beatriz Ferreto, presidente de APSE, al explicar por qué los educadores incluían la reforma fiscal dentro de sus reclamos en la protesta de ayer.
No importa que doña Laura haya dicho en julio del año pasado a EFE: “Ya no tenemos tiempo, en los 18 meses que nos quedan (de Gobierno), de embarcarnos en una reforma tributaria profunda”.
Tampoco, que la Asamblea Legislativa valore vacacionar más de dos meses, así sea ahí donde se deberá aprobar cualquier propuesta de reforma fiscal. Los actuales van de salida y este tema tan delicado corresponderá a los nuevos inquilinos de Cuesta de Moras.
Mucho menos que estemos en medio de una campaña política. Si bien los impuestos son el monotema de la recurrente aspiración presidencial de Otto Guevara, tal parece que en Liberación Nacional están tan seguros del resultado de las elecciones, que es mejor aprovechar el tiempo y adelantar lo más posible con la futura agenda de gobierno. Especialmente si en cuanto a la hacienda pública se vislumbra continuidad en los personajes principales.
Siendo así las cosas y deviniendo en inevitable e impostergable este tema cabe preguntarse tanto sobre su viabilidad, a la luz de los últimos intentos, como sobre el fondo.
Empiezo por lo último porque ayer leía en El País un interesante artículo denominado “Un sistema fiscal teóricamente perfecto” sobre el informe Mirrlees, premio Nobel de Economía 1996, encargado por el Instituto de Estudios Fiscales británico para “identificar las características de un buen sistema de impuestos para una economía abierta del siglo XXI (…)”.
Me pregunto si en Hacienda lo habrán leído porque hasta ahora, de lo más relevante que ha trascendido como propuesta suya es “la creación de un centro de llamadas en Tributación para atender a los contribuyentes”.
Se atribuye el frustrado proceso de concertación con que arrancó la administración Rodríguez Echeverría al no institucionalizar espacios que hicieran del diálogo una obligación y no una formalidad.
En este sentido habría que abonar la aparente buena voluntad de las mesas de diálogo promovidas por el Ministerio de Hacienda hace unas semanas.
Sin embargo, habría que advertir también la auto-exclusión de los sectores sindicales que no participaron de dichos espacios para no legitimarlos. Para entonces concluir, sin síndrome, que el pato está cojo.

Pedro Oller