Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

Enviar
Lunes 11 Abril, 2011


El sexto sacramento


No quería casarme. Para mí mujer joven en los ochentas el matrimonio no tenía ningún sentido. El compromiso sí. Pero para eso no necesitaba ninguna ceremonia ante Dios ni ningún papel ante los hombres. No quería fiesta, ni ceremonia. Me resistía al vestido blanco con velo y corona. Aborrecía las listas de bodas. Sin embargo estuve casada por ley durante quince años y tuve dos hijas. Tal vez el sentido de ese contrato legal fue precisamente eso: la maternidad. Los buenos recuerdos no están ligados a la ley.
Después tampoco quería casarme y ya no iba a tener hijos. Así que me comprometí en una relación de convivencia y no me casé por ninguna ley: ni la de Dios ni la de los hombres. Confirmé nuevamente que el amor y la ley poco tienen que ver.
Las dos separaciones fueron dolorosas, con papeles o sin ellos.
¿Por qué se casa uno? Por necesidad, por conveniencia, por despecho, por desesperación, porque uno es muy joven, porque es uno muy viejo, por un hijo que viene, por casualidad, por locura, por pasión… ¿por amor?
¿Por qué se divorcia uno? Porque cualquiera de las circunstancias anteriores se acabaron: la necesidad, la conveniencia, el despecho pasó, la desesperación ya no existe, uno ya es viejo, uno ya es más viejo, el hijo creció, la casualidad se convirtió en realidad, la locura en cordura, la pasión en aburrimiento y… ¿el amor? Deja de existir. Desaparece. Se muere.
El sagrado sacramento del matrimonio ya no es tan sagrado y nada respetado.
De hecho y previendo una separación posible, considerando la larga tradición de divorcios de la realeza inglesa los abogados del príncipe William le han recomendado que firme un contrato prenupcial. ¿Aceptará el principito? No se sabe. En las películas de Disney los príncipes y las princesas no firman nada. Pero, claro, se amarán hasta que la muerte los separe. O hasta que aparezca el cartelito de “The end”.
La pareja formada ante Dios y ante los hombres por Alvaro Colom y Sandra Torres ha decidido solicitar el divorcio. ¿La razón? Los fines políticos: de esta manera la aún no ex esposa del Presidente podría optar legalmente por una próxima candidatura al máximo poder de la República Guatemalteca. Según doña Sandra, aceptando el clamor popular de los ciudadanos de su país.
En Costa Rica, Oscar Arias en su segunda presidencia ha sido el único gobernante que llegó al poder sin esposa que fungiera como Primera Dama. Otros ex presidentes que no convivían con sus mujeres antes de ser candidatos, negociaron la “reconciliación” con el fin de llegar al poder. Una burla a la institución matrimonial.
En el vecino país centroamericano, los Colom no solo se burlan del matrimonio; del divorcio también. Argumentan que los intereses de su país son superiores a su vínculo.
¿Será posible encontrar a una media naranja? O como afirmaba una película argentina ¿uno es un medio melón que se encuentra con una media manzana, y luego con una media sandía y con una media fresa y así sucesivamente por los siglos de los siglos…? ¿Serán William y Kate la mitad de la misma fruta? Algún día lo sabremos. Al parecer don Alvaro y doña Sandra sí son mitades de la misma fruta. Aunque tal vez esa fruta esté podrida.

Claudia Barrionuevo
[email protected]