María Luisa Avila

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Jueves 4 Abril, 2013

El Papa Francisco

El 13 de marzo, fecha de la elección del nuevo Papa, me encontraba en Buenos Aires, y fue una experiencia muy interesante escuchar a los bonaerenses hablar del que hasta hacia escasas horas era el Obispo de la ciudad.
Las descripciones de todos, desde el recepcionista del hotel, hasta los colegas eran muy alentadoras: un hombre sencillo, frugal, que apoyó a las familias dolientes de las 193 víctimas del incendio en la discoteca República Cromañón en 2004, que cuando lo nombraron obispo no se hizo nuevos trajes, sino que mando a ajustar los de su predecesor.
En fin, un hombre que predicaba con el ejemplo y que hacia de su apostolado una vivencia congruente con los principios que representaba.
Conversé con un filósofo que fue su alumno y lo describía como un docente estricto, pero muy abierto al diálogo y que estimulaba la sana discusión y la divergencia de criterios.
Me llena de esperanza la actitud del Papa Francisco y los mensajes que está enviando al mundo. Uno de sus primeros gestos que me impactó, fue su férrea postura contra los sacerdotes acusados de pedofilia, expulsando al Cardenal Law que los había encubierto.
Creo en Dios, trabajo con Él todos los días en el Hospital Nacional de Niños, pero no soy una católica practicante, y más bien he criticado con vehemencia algunas posturas de la Iglesia en temas controversiales, pero veo en el Papa Francisco a un hombre muy dispuesto a romper esquemas tradicionales y renovar a la Iglesia Católica. Espero que estos cambios sean positivos en beneficio de la humanidad y que su mensaje permita avanzar hacia una Iglesia congruente y cercana a las necesidades cambiantes de los habitantes de un mundo que requiere mayor solidaridad y espiritualidad.