Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 8 Agosto, 2013

Íbamos mejor en los ’70. Lo que vino en los ‘80 fue el modelo neoliberal que se desentendió de la redistribución de la riqueza que ordena el artículo 50 de la Constitución


De cal y de arena

El país “descoyuntado”

La salida de aquel hoyo en que cayó el país en los ’80 se hizo acompañar con la imposición de un distinto modelo de desarrollo económico que tuvo repercusiones directas en el desarrollo humano.
Ya para 2000 el Informe del Estado de la Nación habla de un país “descoyuntado”, de un país que desmanteló las políticas de fomento de la “vieja economía” y no generó equidad a cambio de crear ganadores netos en la “nueva economía”, misma que se prodigó en estímulos y privilegios para unas minorías al cobijo de nuevos esquemas fiscales que les permitieron ventajas sin compromisos de retribución proporcional a aquel manojo de beneficios.
Es cuando el país entra en una nueva y peligrosa fase, para Miguel Gutiérrez Saxe “la de un claro desgaste de varias de las más preciadas ventajas históricas de su desarrollo humano”.
Se abrieron las fronteras al comercio con velocidad y dimensión irreflexivas. Ciertamente, la economía ha crecido a un ritmo satisfactorio pero sin sentido de equidad y justicia.
Los réditos de la apertura comercial no han tenido un efecto distributivo pues el Estado —mal gestionado y sin políticas públicas idóneas— tiene sus arcas vacías y vaga en su marcha ante resultados tan perversos.
Evidentemente, íbamos mejor en los ’70. Lo que vino en los ‘80 fue el modelo neoliberal que se desentendió de la redistribución de la riqueza que ordena el artículo 50 de la Constitución como tarea del Estado y que ha provocado anemia en las instituciones sociales, más desigualdad y más inconformidad social. Al final, la institucionalidad democrática salió victimizada.
El ingreso de los más ricos supera en casi 20 veces al de los más pobres, la pobreza y la pobreza extrema permanecen imbatibles y los grupos medios de la sociedad pierden oportunidades de ascenso.
Una evaluación de CEPAL (Dic. 2012) desnuda resultados: no hemos logrado disminuir la pobreza y la desigualdad en la asignación de los ingresos ha empeorado. Más aún, dice que el 10% más rico de El Salvador percibe un porcentaje del ingreso nacional menor al que recibe el 10% más rico de Costa Rica.
Desde hace 20 años no hay reducciones sostenidas de la pobreza; el vigor del sector exportador no se refleja en el resto de la economía por sus pocos encadenamientos productivos, sociales y fiscales; en nuestra economía reinan grandes concentraciones empresariales con suficiente fuerza para imponer sus reglas de juego, de lo que resultan víctimas la competencia y los eslabones débiles de la cadena productiva.
Sin políticas públicas que se ocupen de los golpeados, que son los perdedores en el arcoíris de ilusiones frustradas que pintó ese modelo de país impuesto hace 30 años a un alto costo en punto a desarrollo humano.
Salimos del hueco en los ’80 pero no para construir un Estado capaz de satisfacer las demandas de crecimiento con justicia social y de consolidación y expansión de los logros que se habían alcanzado en desarrollo humano. La senda de trabajo impuesta, el modelo neoliberal ¿no es esta la gran cuestión para esta campaña electoral?

Álvaro Madrigal