Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

Enviar
Lunes 13 Julio, 2015

Cuando todo está perdido (…) lo que el ser humano y el colectivo tratan de rescatar es la dignidad. Los griegos votaron por su soberanía
 

El No de la dignidad

Edipo Rey, frente a una multitud de ciudadanos, promete investigar las razones de la peste que asola a Tebas. A partir de ese instante se inicia una tragedia que empeora en cada episodio sin que nada ni nadie la puedan frenar. Sófocles, uno de los tres genios del teatro griego, es el autor de este texto teatral.
Y es que los antiguos griegos lo inventaron todo. O casi todo. O en todo caso organizaron el conocimiento sentando las bases de la matemática, la política, la filosofía, la medicina y la dramaturgia, entre otras disciplinas.


Los primeros juegos olímpicos se celebraron en el siglo VII y las primeras tragedias se pusieron en escena en el siglo V.
Siglos después, la Grecia moderna vive una terrible tragedia y entre las múltiples causas de la crisis está el enorme gasto público que generó la organización de los Juegos Olímpicos de 2004.
Durante una década, ni los ciudadanos ni los países de la Unión Europea se enteraron de la realidad de la economía griega. Con gran habilidad, y/o caradurismo, los gobiernos griegos maquillaron cifras, ocultaron datos e incluso mintieron en los informes que presentaron ante sus socios europeos. Imposible que no fueran conscientes de la debacle que provocarían.
No fue sino hasta 2009 que el entonces presidente, Yorgos Papandreu, abrió la caja de Pandora de la que salieron todos los males de Grecia y ni la esperanza quedó guardada.
Los mayores afectados, los que más dinero le habían prestado a Grecia eran, son, Francia y Alemania. Países fuertes que no podían debilitarse. Con dinero público se “rescató” a Grecia, para proteger a los bancos franceses y alemanes. Y exigieron austeridad, que como sabemos por nuestra propia experiencia latinoamericana, siempre recae en los más pobres.
Así fueron desapareciendo la seguridad social, las jubilaciones, los planes solidarios y, sin embargo, la deuda no hacía más que aumentar.
Los ciudadanos griegos empezaron a protestar y cuando no aguantaron más, apoyaron masivamente a un partido de la izquierda radical, SYRIZA.
Esta coalición propuso una moratoria en el pago de la deuda. Eso sí, en relación con el crecimiento económico del país, formulando un plan de inversión que ayudara a ese crecimiento. Tal como lo hicieron los acreedores internacionales ante la pobre Alemania de 1950.
Los deudores no estuvieron de acuerdo, mantuvieron su posición y amenazaron con sacar a Grecia de la zona euro y hasta de la UE.
El país que inventó los principios de la democracia votó en un referéndum para decidir si aceptaba o no las imposiciones del Banco Central y la Comisión Europea y el, siempre listo, Fondo Monetario Internacional.
Seguro que la campaña del miedo generada por los poderosos en Grecia superó con creces la que desarrolló el gobierno de Arias junto a la mayoría de los empresarios ante nuestro primer referéndum.
Sin embargo, cuando todo está perdido, cuando ya no se puede perder más, cuando el clímax de la tragedia se acerca, lo que el ser humano y el colectivo tratan de rescatar es la dignidad. Los griegos votaron por su soberanía.

Claudia Barrionuevo
[email protected]