Alejandro Madrigal

Alejandro Madrigal

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Viernes 9 Septiembre, 2016

Entre las aulas y las calles

El matrimonio igualitario desde el ojo tico

Hace pocos días, el Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la UCR publicó una nueva investigación de corte estadístico sobre la visión de los costarricenses en múltiples temas, y entre ellos se midió la aceptación o rechazo del matrimonio entre parejas del mismo sexo, tema por el que se les viene preguntando a los ticos desde 2012.

En esas fechas, hace cuatro años, un 61% de los encuestados dijo estar en contra de este reconocimiento, mientras que solo el 35% manifestó estar a favor. Esos números han evolucionado, con algunas oscilaciones, a lo largo de estos cuatro años y la tendencia es clara: cada vez menos personas rechazan el reconocimiento legal de parejas del mismo sexo y cada vez son más las que lo acepten. Al punto que para agosto 2016, solo el 49% se manifestó en contra y un 45% a favor. Es previsible que, en cuestión de pocos años, serán más las personas que estén de acuerdo con que el Estado reconozca estas uniones, lo cual habla de que hay un cambio social gestándose.
¿Qué importancia tiene esto? El matrimonio igualitario es una deuda en derechos humanos que no se ha saldado en Costa Rica ni en muchísimos países del mundo. Y es uno de tantos temas que se pueden asociar para medir el progreso social y el nivel de justicia en un país. Partimos de varios hechos básicos: la homosexualidad no es una enfermedad (tal y como lo determinó la OMS hace décadas), sino que es parte de la diversidad humana, como el color de la piel, la forma de los ojos, el ser zurdo o diestro, etc.
Partimos también del hecho de que las personas homosexuales deberían ser iguales en derechos, deberes y dignidad humana con respecto a las heterosexuales. Y si creemos esto, no existe motivo para sostener que una persona heterosexual sí tenga derecho a unirse legalmente con la persona que ama, y que una homosexual no. Eso no sería un derecho sino un privilegio para algunos, lo cual no cabe en una sociedad moderna, justa y democrática. Por lo tanto, resulta hasta lógico ver que las sociedades más modernas, con mayor progreso social y científico, con una población más educada, con mayor justicia y democracias más robustas son muchas de las cuales han incorporado el matrimonio entre personas del mismo sexo en su legislación.
La tendencia que vemos en Costa Rica habla de dos cosas: que las nuevas generaciones, quienes han adquirido la mayoría de edad en los años recientes, vienen con una forma de pensamiento distinta, mucho más respetuosa de la orientación sexual de cada persona; pero también habla de que muchas personas también han evolucionado su forma de pensar respecto a este tema.
Porque cuanta más información y conocimiento se transmite entre la población, más personas llegan a saber que el matrimonio igualitario es un tema de justicia para la población, y que no va a ocurrir la desaparición del matrimonio heterosexual, ni de las familias, o el fin de los tiempos producto de él.
La consecuencia será vivir en una sociedad más justa e igualitaria. Y este tema tiene que superar las barreras y diferencias morales o religiosas particulares, dado que en sociedad, todos tenemos creencias distintas, por lo que no es justo que una sola visión religiosa se le traslade a quienes no la comparten. Además de que los asuntos del Estado se deben abordar desde un punto de vista humanista, laico y no desde una creencia religiosa particular. La práctica religiosa es una libertad que cada quien tiene, bajo la cual no tienen por qué vivir todas las demás personas.
Retos quedan demasiados. Aún existe demasiada ignorancia y desconocimiento de la realidad de la homosexualidad y de lo natural que es dentro de la diversidad humana. Y esta ignorancia se puede ver en muchos de nuestros legisladores, quienes hoy día, siguen rehusándose a saldar esta deuda y con argumentos muy ciegos siguen defendiendo el privilegio de los heterosexuales sobre el matrimonio y la clandestinidad de las parejas homosexuales, como si no fueran algo cotidiano y que ya de por sí se ve en todos los sectores de la sociedad. Ojalá, dentro de pocos años, tengamos legisladores que busquen llegar a la Asamblea Legislativa a romper esta injusticia que durante décadas ha perdurado.