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Obama necesitará bastante más que hablar de calma, pues su capital político se ha visto resquebrajado

El huracán de la deuda

Desde el ojo del huracán, Barack Obama, presidente de Estados Unidos, salió el viernes en la mañana a pedir “calma” a sus ciudadanos y en especial a los mercados, luego de que vivieran el jueves la peor caída en las bolsas de los últimos dos años.
“Necesitamos crear un ciclo autosostenible en el que la gente gaste y las empresas contraten y nuestra economía crezca”, dijo Obama en Washington.
Este llamado a que hay que dinamizar la economía estadounidense nadie se lo discute, eso es lo que ese país necesita, sin embargo el problema es precisamente cómo lograr que el mercado recupere la confianza.
Y es que aunque el desempleo en julio bajó en 0,1 punto al 9,1%, el escepticismo se mantiene ante el anuncio de los recortes al gasto público que se deberán realizar para comenzar a superar la fuerte deuda de Estados Unidos, que casi llega a los $14,3 billones.
Ante esta posible nueva recesión, este mismo medio fue el primero en publicar cómo este escenario puede afectar nuestra economía nacional, en especial a los exportadores, que se enfrentarían a una nueva contracción en la demanda de los consumidores estadounidenses y la amenaza de que surja una estrategia económica proteccionista en Estados Unidos.
Por supuesto, otro afectado sería el sector turístico que depende en un alto porcentaje de la llegada de visitantes estadounidenses.
Con la contención del gasto público en el país del Norte sobreviene un alto a los rescates del Estado a las empresas y los bancos estadounidenses que se encuentran en problemas, lo cual provoca escepticismo entre el público estadounidense que prefiere no arriesgar y guardarse su dinero en espera de la reactivación.
Asimismo, la recaudación de impuestos también se frena y el dólar se debilita, aspectos que inevitablemente tienen una fuerte influencia en nuestra economía.
En tanto las empresas estadounidenses hayan sido capaces de reordenarse luego del golpe de la recesión que comenzó en 2008 y hoy estén mejor preparadas para defender el empleo, Estados Unidos tiene una luz que seguir al final del camino.
Por su parte, el presidente Obama necesitará bastante más que hablar de calma, pues su capital político se ha visto resquebrajado luego del “triunfo” de la bancada republicana conservadora en la negociación del pacto de la deuda, que lo obligó a realizar concesiones y abandonar su posición de mandatario fuerte contra una que podría verse como una posición demasiado conciliadora y “blanda”.
En resumen, el acuerdo está, la situación es crítica y desde nuestro lado del huracán (con nuestra propia crisis fiscal galopando) debemos esperar, mirar hacia otras latitudes y renovar esfuerzos hacia el resto del mundo.
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