Nuria Marín

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Lunes 15 Noviembre, 2010


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El conflicto con Nicaragua

Los costarricenses hemos sido testigos de una práctica establecida por los políticos nicaragüenses que se ha dado reiteradamente y es muy sencilla, cuando baja la popularidad del gobierno, cuando se desean tomar medidas complicadas, cuando es necesario cambiar el foco de atención sobre temas domésticos, o se pretende la reelección, se inventan que Costa Rica se quiere apropiar del río San Juan y con eso promueven que por razones nacionalistas, el pueblo nicaragüense cierre filas en torno al gobierno.
En la actualidad no solo recurrieron al poco original recurso de siempre, sino que fueron más allá e implementaron actos de verdadera provocación. Entre ellos cabe destacar el inicio inconsulto y sin mediar estudios técnico ambientales del dragado del río con una draga denominada “Soberanía,” de capital alba-nicaragüense, y el encargo de la misión a Edén Pastora, personaje belicoso y agresivo por naturaleza.
Pero como si lo anterior fuera poco, invaden el territorio costarricense, basados, horror de horrores, en un mapa de la firma Google que contiene un error de trazado en la zona limítrofe entre ambos países.
Ante semejante cadena de hechos y provocaciones, el país activa los instrumentos de derecho internacional. Entre otros con la presentación del caso ante la OEA. La respuesta de este foro, al menos para cuando escribo este artículo, resulta dubitativa, complaciente con Nicaragua, débil e intrascendente.
La inoperancia de la OEA vista en la “solución” de los conflictos hondureño, colombiano-venezolano, e intrascendencia en graves problemas en Haití o México, entre otros, se repite ahora con la discusión planteada por Costa Rica y surge la elemental pregunta de ¿para qué la OEA?, cuestionamiento al que me sumo en aras de lograr una redefinición de este organismo.
De seguir las cosas ante la OEA de esa manera, debe nuestra Cancillería implementar otras acciones ante distintas instancias legales e invocar tratados vigentes de asistencia recíproca.
Lo que es evidente es que nuestra nación, carente de ejército, debe buscar alternativas legales y no bélicas, porque casualmente nuestra fortaleza es esa, no contar con fuerzas armadas y tener en nuestra mano el derecho y no un rifle.
Ante el presente conflicto se han levantado voces que pretenden tomar represalias contra los nicaragüenses que viven en nuestro país y esto es algo que no podemos permitir, nuestra disputa es contra el gobierno de ese país, no contra su gente, ellos por el contrario son víctimas de las malas políticas gubernamentales y la corrupción razones que explican el nivel de pobreza en que viven nuestros hermanos nicaragüenses.
Esperemos que ante la demagogia de Ortega y la inutilidad de la OEA surja una opción sensata que lleve las aguas a su nivel.

Nuria Marín Raventós