Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 16 Febrero, 2011


Pizarrón
El cogobierno de los diputados


La Asamblea Legislativa organiza el trabajo de los diputados de los partidos políticos allí representados, como resultado del voto ciudadano en las elecciones, en Sesiones Ordinarias y Extraordinarias.
Esta labor se realiza por periodos anuales que se llaman Legislaturas. Así, estamos en la Primera Legislatura de la Administración liberacionista de la presidenta Laura Chinchilla, que inició el 1º de mayo de 2010 y termina el 30 de abril de 2011, donde seguirá la Segunda Legislatura por otro año y así hasta terminar el periodo de gobierno del PLN.
Cada Legislatura se divide en Sesiones Ordinarias y Extraordinarias, totalizando cada una de ellas seis meses calendario, alternando estas sesiones en miniperiodos. Así, el Congreso inicia el 1º de mayo con sesiones ordinarias por tres meses hasta julio, luego una corta extraordinaria en agosto, luego otra trimestral ordinaria en setiembre, octubre y noviembre, para una larga de cinco meses, como estamos ahora, desde diciembre hasta abril de extraordinarias.
En estas sesiones los diputados tramitan proyectos de ley. En las ordinarias, solo conocen los que ellos, a nombre propio o de sus partidos, proponen al resto de los diputados. En las extraordinarias solo el Poder Ejecutivo puede poner a conocimiento proyectos de ley ante los diputados, que tienen la obligación constitucional de conocerlas, tramitarlas, con reformas o sin ellas, aprobarlas o rechazarlas. Si a ello agregamos que en las sesiones ordinarias se conoce el Proyecto de Presupuesto Nacional, y los proyectos de los diputados del PLN, que quita tiempo a los otros partidos, el tiempo que dedican los diputados al Poder Ejecutivo es más de seis meses lo que aumenta su responsabilidad en el buen o el mal gobierno que de esa labor resulte.
Los diputados no liberacionistas realizan una labor de cogobierno legislativo, político e institucional con el Poder Ejecutivo, en la tramitación de los proyectos de ley que les interesan a los partidos y sus diputados, y a la Presidencia, para poder cumplir con sus promesas electorales parlamentarias y de gobierno y, también, a los ciudadanos.
Cuando en sesiones extraordinarias, los diputados de los partidos llamados opositores, deciden sabotear la iniciativa legislativa del Poder Ejecutivo, faltando a sesiones, negándose a constituir el quórum legislativo, bombardeando sin sentido los proyectos de ley, no sabotean solo la labor posible de la Presidencia de la República, sabotean su propio trabajo, lo que de esos proyectos se pueda esperar para el desarrollo del país y la calidad de vida de los costarricenses, sabotean la imagen del Primer Poder de la República, la de sus propios partidos, contribuyen a fortalecer la idea de vagabundería e irresponsabilidad que adorna en atributos a los diputados en general, ayudan a desgastar la confianza en la institucionalidad pública, en la llamada gobernabilidad y en el propio Estado de Derecho.
En el Congreso los diputados son parte del gobierno nacional, son cogobernantes. Su responsabilidad política obliga a tramitar, conocer, discutir con argumentos la bondad o no de los proyectos que se les presenten, rechazarlos o aprobarlos, como resultado del debate político, pero no negarse a esa discusión, pues el atraso institucional que impone genera un gasto público que todos pagamos y la democracia política y su sistema de partidos también.

Vladimir de la Cruz