Randall Madriz

Randall Madriz

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Lunes 27 Junio, 2016

La ruta está sellada y el mecanismo democrático del referéndum sirvió como instrumento para la toma de una decisión trascendental.
El Brexit repercutió inmediatamente sobre las bolsas asiáticas, abiertas en ese momento, y luego el efecto contagió otras plazas.
Muy acertadamente se ha dicho que no hay certeza sobre lo que viene. Claramente el manejo político que se le dé a la situación será determinante, a efectos de transmitir confianza a los inversionistas, sin embargo, sería necio no reconocer que existe peligro. Mal manejado, el tema podría ser la génesis de la próxima crisis económica que se ha anunciado desde hace un tiempo.
Los analistas locales han dicho, que el efecto sobre Costa Rica podría ser moderado: las exportaciones a la Unión Europea podrían disminuir, podría igualmente haber algún efecto sobre el tipo de cambio en Costa Rica y, en última instancia, la inversión europea en este país podría caer.
Sin embargo, sabemos que las crisis económicas tienen vida propia, y algunos de sus efectos hoy podrían escapar a la clarividencia de los economistas.
Aterrizando en Costa Rica, debemos cuestionarnos si estamos preparados para enfrentar una nueva crisis económica. Asumir que somos inmunes, o saldremos poco afectados podría ser arrogante, ya que lo responsable es prever un escenario austero. Lo cierto es que, a diferencia de la crisis del 2008, Costa Rica hoy se encuentra en una situación apremiante y mucho más débil que en ese año.
La deuda pública es asfixiante, y la misma ya no se está colocando a nivel internacional, por el deterioro en la calificación de la deuda soberana de este país. Prueba de ello es la fallida colocación de bonos con el Gobierno chino (condimentado por la desmejora en las relaciones entre ambos países).
Finalmente, el Gobierno tuvo que recurrir al mercado local para hacer la colocación, primordialmente con instituciones locales.
El déficit fiscal es una tarea pendiente, y lejos de haber presenciado pasos decisivos de frente a solucionar el problema, en términos de recortes de gastos, vemos cómo la discusión a nivel legislativo ha sido miope y desafortunada. El desgaste ha sido en torno a un supuesto registro de accionistas que no mejorará en nada la recaudación.
Cientos de horas invertidas en una discusión estéril sobre si la OCDE requiere o no la existencia de ese registro. Mi pregunta: ¿Cuántas horas se han dedicado a discutir el cáncer de nuestras finanzas públicas, que es, la economía informal?
La baja recaudación de impuestos no se debe totalmente a la poca contribución de los contribuyentes formales. Se debe, en un mayor porcentaje, al no pago de impuestos por parte de los contribuyentes no inscritos. Y esa es una situación que en ningún proyecto de ley se esté enfrentando.
Quizás yo sea apocalíptico, y no estemos ante la tormenta perfecta. Eso espero.
Quizás la situación caótica de nuestras finanzas públicas aguante cualesquiera que sean los efectos del Brexit. Pero la pregunta responsable es: ¿Está Costa Rica hoy, en posición de soportar los embates de una crisis financiera similar a la del 2008? La respuesta, a mi criterio, es No.

Randall Madriz
Abogado Tributario
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