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El aceite de oliva

Basta con una breve investigación por fuentes fidedignas para constatar los beneficios del aceite de oliva y por otro lado el gran desconocimiento que existe en Cosa Rica (somos un país joven en estos andares gastronómicos), para diferenciar el buen aceite del que no es tan bueno.
“El aceite de oliva virgen es el zumo de la aceituna, por lo que conserva todo el sabor y propiedades nutritivas del fruto del olivo. Es el más rico en ácido oleico. Es por tanto una grasa monoinsaturada, con efecto muy beneficioso sobre el colesterol, bajando las tasas de LDL, colesterol malo, e incrementando las de HDL, el bueno (adecuado pues en todos los problemas cardiovasculares)”, afirman los Profesores Alberto Fernández Gutiérrez y Antonio Segura Carretero, del Departamento de Química Analítica de la Universidad de Granada.
Agregan que si es aceite de oliva virgen extra (obtenido de la primera presión en frío), es muy rico en vitamina E, que protege a la grasa de la peligrosa acción de los radicales libres, oponiendo resistencia a la oxidación que estos producen sobre el cuerpo humano. También tiene efectos anticancerígenos, y favorece la digestión porque estimula la vesícula biliar. Por su contenido en vitamina E y el efecto antioxidante de esta sobre la membrana celular, el aceite de oliva está especialmente recomendado para la infancia y la tercera edad (ayuda a prevenir la arteriosclerosis y sus riesgos).
“Es el más apropiado para nuestras necesidades. Unicamente el aceite de oliva tiene el privilegio de poseer una composición química en cuanto a la cualidad de sus grasas, que le semeja, como gota de agua, a las grasas de la leche humana y a la trioleína contenida en los tejidos humanos”, afirman.
Al inverso de las demás grasas sólidas, no cansa ni el hígado ni el páncreas durante la digestión y la asimilación.

Buen provecho y hasta la próxima semana.


ALFREDO ECHEVERRIA
Director Ejecutivo Grupo HRS
[email protected]
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