Siany Villalobos Argüello

Siany Villalobos Argüello

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Martes 19 Diciembre, 2017

“El tarjetazo”

Ahora que está de moda hablar del “cementazo”, nos vamos a poner serios con nuestra responsabilidad personal y familiar ante el “tarjetazo”, en esta época tan hermosa de la Navidad, a muchos se les va la mano en gastar lo que no tienen y en llenar de preocupaciones el año venidero, tal irresponsabilidad no tiene misericordia y se lleva por el frente el bienestar de muchas personas sin piedad alguna.

Si bien es cierto nuestra Constitución Política en el artículo 46 protege los derechos de los consumidores y de los usuarios(as) en cuanto a sus intereses económicos, también es cierto que la responsabilidad de sus finanzas solo le corresponde a usted mismo.

En Costa Rica contamos en el mercado con tarjetas de débito y tarjetas de crédito. Las tarjetas de débito están asociadas con cuentas bancarias de ahorro, que permiten a las personas dueñas de las cuentas, disponer de sus propios recursos en el momento que lo crea necesario y las tarjetas de crédito con sus características particulares dependiendo del ente emisor, donde varían condiciones, plazos e intereses, que por cierto son bastante altos.

Las personas se dejan llevar por la emoción y no analizan, ni por un momento, cuán indispensable es la adquisición que está realizando, cuánta felicidad le genera y sobre todo cuánto le va durar.

Generalmente, se adquieren deudas en ausencia de una información adecuada o por la “mala cultura” de no leer los contratos que firman, lo cual provoca que una buena cantidad de personas desconozcan los costos y cargas que incluye cada una de las tarjetas que se ofrecen en el mercado, por ejemplo: costo anual de la membresía, renovación, costo por año de la tarjeta adicional, tasa de interés, comisiones por retiro de efectivo en el país y el extranjero, comisiones que se pagan por consultas en cajeros automáticos o bien la cantidad de retiros en cajeros automáticos, costos por reposición de tarjetas, saldos mínimos establecidos y multas por no conservar el mínimo y multas por atraso en el pago mínimo, entre otras.

Las tarjetas de crédito y débito son de uso normal y muy frecuente por parte de los costarricenses. Según información en medios de circulación nacional se habla que los intereses de las tarjetas de crédito oscilan desde un 24%, hasta más de un 50%, generando situaciones muy difíciles para las familias en procesos ejecutivos, embargos de salarios y pérdida de bienes patrimoniales, por no pagar deudas para las que nunca existió capacidad de pago.

Según información del MEIC la deuda de los costarricenses en tarjetas de crédito la encontramos en cifras de billones de colones, reconociendo que circulan más de 2 millones de tarjetas, entre las del titular y las adicionales, generalmente entregadas a familiares, razón que requiere mayor esfuerzo de parte del titular para pagar en tiempo la deuda.

Luego del escenario expuesto, es recomendable analizar y priorizar las verdaderas necesidades, cada vez que realice “un tarjetazo” piense: ¿Es indispensable? ¿Tengo capacidad de pagar de contado la compra? ¿Se complicará mi vida y la de mi familia por falta de capacidad de pago? Analicemos qué es lo que verdaderamente da felicidad y dejemos la mala práctica de percibir un salario y gastar un salario y medio, no haga que la cuesta de enero le dure todo el año venidero.