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El secreto mayor

¿Por qué y cómo puede cambiar positivamente tanto un equipo y en tan poco tiempo? ¿Cómo explicar esas transformaciones que se evidencian en resultados diferentes y en una renovada confianza en la capacidad para lograr los objetivos?
En el conocido libro “El Secreto”, su autora Rhonda Byrne enfatiza que las cosas nos ocurren porque aplicamos la ley de la atracción: “Todo lo que está llegando a tu vida, tú lo estás atrayendo por virtud de las imágenes que mantienes en tu mente. Es lo que estás pensando. Cualquier cosa que esté en tu mente la estás atrayendo hacia ti”. Y eso es cierto, todo empieza a nivel del pensamiento pues allí nacen ideas, deseos, metas y decisiones.
No obstante, podríamos estar plenos de pensamiento positivo, de buenas intenciones y de una gran determinación para crecer en todos los campos y no lograrlo. La razón es la ausencia o insuficiencia de la otra “mitad de la naranja”, del otro gran secreto: el trabajo, mucho trabajo. Si deseamos ser congruentes con esa ley de la atracción, entonces, lo primero que debemos atraer es el deseo de dedicarnos con mucha inteligencia y fuerza a labrar la obra que deseamos construir. Aquí nace el cambio real, esta es la base para modificar algo que no funciona.
Los equipos son organismos vivos, nacen, crecen, se desarrollan. El secreto es tener un claro concepto del tipo de trabajo que hay que realizar, etapa por etapa, para avanzar en la dirección correcta. Sin un proceso bien pensado, nos quedamos en buenas intenciones y con resultados erráticos. La habilidad del equipo líder para diagnosticar realidades, definir una visión ideal y conceptualizar un detallado proceso de trabajo, es el factor vital que hará nacer el cambio a fondo y duradero.
Así, no hay más secretos que el secreto mayor. Las organizaciones viven las consecuencias del uso de su tiempo y recursos, de la vocación de sus líderes y miembros, y de su coherencia al pensar y actuar. Si los líderes desgastan su poder en lo que no agrega valor al equipo, de antemano sabemos los resultados, pero si tienen la disciplina de dedicarse a lo esencial nos sorprenderemos con gratas consecuencias de esa forma de actuar.
Las personas tienden a hacer lo que sus líderes hacen, no lo que ellos dicen que hay que hacer. Si perciben que son dirigidas por un verdadero equipo de trabajo en el que no se miden las horas, no se inflan los egos, ni se presentan conflictos improductivos que drenan la energía, entonces toda la fuerza mental, la atracción, será orientada hacia lo que en verdad interesa a todos.
Cuando la estrella es el equipo, todos hacen esta pregunta: ¿Cómo puedo trabajar más y mejor para ayudar a alcanzar nuestra meta?
¡Trabajo! La medicina no secreta.

German Retana
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