Macarena Barahona

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Sábado 20 Septiembre, 2008

Cantera
El pulso del milenio

Macarena Barahona

Madrid- Este siglo XXI va caminando del lado occidental, con las banderas de la democracia, como el sistema justo e igualitario que debe vencer en el enfrentamiento de civilizaciones, y que ideológicamente tienen asegurado el triunfo de una verdad totalizadora.
Sistema democrático en elecciones partidarias, donde todos se aplauden por la limpieza del sufragio de los votos, excluyendo poderes desiguales en lo económico, político o religioso y logra invisibilizar a las viejas monarquías europeas, que son tratadas como las joyas de la familia, porque embellecen el sistema democrático.
En fin, hasta la Republica China ha lucido, para los mejores y más orgullosos países capitalistas-democráticos, sus manas imperiales y de control y dominio de masas, siendo aplaudida más por su riqueza y poderío, que por amor al deporte.
Un sistema legitimado cada vez que las amenazas a las riquezas verdaderas afloran, y se observan los vacíos y los huecos negros de la nada democrática.
El aviso militar de Rusia en su intervención a Georgia, es democráticamente o no, una sentencia para Europa, donde avisa que no permitirá perder el control sobre los gasoductos que traspasan Georgia, como Ucrania y otros países de la antigua Unión Soviética, que son continuamente asediados por Estados Unidos y presionados por la Unión Europea, con el proyecto de nuevo gaseoducto denominado Nabuco (que será construido por consorcios turcos, austriaco, húngaro, rumano y búlgaro,) para reducir la dependencia del gas hacia Rusia, que importó en 2007, 147.500 millones de metros cúbicos de gas natural, y siendo el principal proveedor con un 50% del consumo, Rusia.
Es el pulso del milenio, el control de la producción, de las redes de transporte y la venta del estratégico oro negro, el petróleo y el gas. Un pulso sin formas democráticas, ni fronteras de estado que valgan, en el Mar Caspio y Asia Central, que Estados Unidos, la Unión Europea, China y Rusia tienen desde finales del siglo pasado.
Si la democracia ganó en fama como sistema político en este inicio de siglo XXI, la guerras, como formas verbales, son recuperadas, para la fría carrera de los imperios y sus controles mutuos.
Esta extraña selección natural del más fuerte imponiéndose, en un choque de civilización, en la brutal carrera de la sobrevivencia del más fuerte; devolviendo la historia.