Siany Villalobos Argüello

Siany Villalobos Argüello

Enviar
Martes 2 Enero, 2018

El populismo vuelve a mostrar sus garras

En vísperas de las próximas elecciones presidenciales de nuestro país, aparecen de nuevo los actores mesiánicos que según ellos resolverán de la noche a la mañana los problemas que más nos aquejan, la misma historia de hace cuatro años, seguida de la fanfarria y la mascarada o bien con los discursos grandilocuentes de hoy en día que emocionan el oído y hacen caer a más de uno en su telaraña de engaño y peligrosidad.

Si ya hay desmotivación para participar en la elección de febrero de 2018, mucho más decepcionante será para las próximas décadas confiar en los postulantes al poder, si nuevamente damos crédito al mensaje populista e improbable de cumplir. Ese mensaje incendiario que no se llevará a la práctica porque nuestra nación, dichosamente la constituye un Estado de derecho, paz y democracia y para lograr los cometidos del populista de moda en caso de llegar al poder, deberá transformarse en un dictador muy similar al tirano de Venezuela.

Esta democracia que ha costado sangre de compatriotas, no merece ser gobernada por el primer charlatán a quien se le ocurre que puede ser presidente, subido en la plataforma de un discurso totalitario y demagógico; fiel a la estrategia de cuestionar absolutamente todo lo concerniente al Estado, incluso una de las instituciones más emblemáticas de nuestro sistema democrático como lo es el Tribunal Supremo de Elecciones. Mucho ha costado construir la institucionalidad del país, que aun con sus defectos vale la pena proteger y mejorar.

Tengamos cuidado de no tropezar dos veces con la misma piedra, por un lado con un gobierno que prometió el oro y el moro y queda debiendo al pueblo que lo eligió, desprestigiado por los actos de corrupción más grandes de la historia. Que no nos vengan a decir de nuevo “no es lo mismo verla venir que bailar con ella…” Un gobierno que se atrevió a manosear hasta los valores más sagrados de la mayoría del pueblo, y hoy de nuevo nos vienen a ofrecer las soluciones y la cura para todos los males provenientes de alguien de dudosa reputación.

La construcción de este país la debemos asumir entre todos, siendo más honestos; desde el hogar, la calle y el trabajo, asumamos el reto, no es bien visto que les estemos achacando la culpa de todo lo malo a los demás, no seamos ingenuos de confiar nuestra querida Costa Rica a cualquiera, estoy segura que todos amamos esta nación.

La próxima elección nacional no es un concurso de simpatías, puede ser que no estemos de acuerdo con la mayoría de los candidatos, pero separemos la paja del trigo y elijamos por el bienestar de nuestro futuro, por nuestros hijos y por Costa Rica.