Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 17 Mayo, 2017

El Parque Pico Pequeño; ¿símbolo de incompetencia municipal?

Hace diez años aproximadamente la alcaldía de Santa Cruz, famosa por su desorden y probablemente en algunos errores graves, hizo algo positivo.

Declaró un pequeño tracto de terreno frente al mar en Tamarindo como parque y lo llamó Pico Pequeño. Este poblado playero ubicado en el cantón ha sido víctima de su éxito turístico; a través de los años se ha llenado de comercios de todo tipo —hoteles, restaurantes, sodas, ventas de chancletas, bares, pizzerías, casinos, alquileres de equipos de todo tipo incluyendo tablas para surf, condominios, joyerías, spa, salón de tatuaje, escuelas de idiomas, y muchos más. A veces choca a la vista ver tanta oferta en instalaciones desde las más finas hasta muy rudas.

Entonces cuando la alcaldía, que ha hecho muy poco para este punto turístico, garantizó un espacio frente al mar libre de cualquier construcción o actividad, el pueblo de Tamarindo se complació. Fue un acto que garantizaba acceso a la playa.



De repente en los últimos tres meses se comenzó a construir un restaurante de dos pisos directamente dentro de este parque pequeñito y de la zona marítima protegida por la ley. Misteriosamente el constructor tiene permisos de agua, luz, y más importante, de la Municipalidad de Santa Cruz para poner un comercio más directamente en la zona de concesiones.

Seguramente las familias que acostumbran llegar a la playa los domingos para bañarse, para hacer mejengas, para permitir a los niños construir palacios en la arena y en general disfrutar de un paseo sano, ahora tendrán “el gusto” de escuchar música de baile de alto volumen y observar a las parejas y otros “chupando” y haciendo una que otra desgracia. Cuidado que a más de uno se le ocurrirá ser un vacilón echar las botellas vacías a la misma playa.

Los pobladores de Tamarindo están resistiendo pero pareciera que las autoridades de la Alcaldía ya decidieron eliminar el Parque Pico Pequeño para permitir la construcción de este restaurante, que por sus dimensiones pareciera que pudiera ser un salón de baile más que un “comedor”.

Esta Alcaldía no pavimenta calles en Tamarindo, los servicios de basura que brinda son pobres, no hay policía municipal, pero sí se ha mostrado diligente en el cobro de los permisos de construcción. Cobran pero no supervisan y hay edificaciones abandonadas en distintos puntos del poblado que se construyeron de material cuestionable y que después de diez a 15 años al sol parecen tugurios desocupados.

Un amigo oriundo de Guanacaste dijo recientemente: “antes el cantón de Santa Cruz fue el más desarrollado después de Liberia. Ahora Filadelfia y Nicoya están mucho mejores; estos últimos tienen alcaldías funcionales y ansiosas de servir a sus pobladores”.

Es probable que varios de los que conforman la autoridad en Tamarindo perciben a Tamarindo como la gallina de los huevos de oro. En el cuento los avariciosos matan a la gallina; en este caso están convirtiendo un parquecito playero en un restaurante.

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