Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 22 Octubre, 2008

Hablando Claro
El menos común de los sentidos

Vilma Ibarra

Confieso que me cuesta mucho entender la estrategia de algunas de las decisiones de la Administración del Dr. Arias Sánchez. Claro que lleva razón el mandatario cuando se queja de la forma reiterada en que muchas iniciativas necesarias y urgentes para el país se demoran en exceso o se paralizan del todo por las presiones, los prejuicios y la falta de visión de grupos sociales, partidos políticos o incluso de personas en su condición individual de ciudadanos. Por supuesto que todos entendemos que no se puede limpiar la casa cuando permanentemente alguien se le está parando a uno en la escoba. Comprendemos que por tanta gente obstaculizando llevamos décadas de rezago en infraestructura, tenemos una ley de tránsito absolutamente inocua y obsoleta, contamos con obras públicas que fueron gloria y hoy son lastre… en fin… padecemos enormes males de subdesarrollo por miopía, egoísmo e ignorancia. Es cierto.

Pero no todo lo hemos hecho mal. También lucimos muchas fortalezas. Por ejemplo, decidimos contra viento y marea, a pesar de Japdeva y los sindicalistas que se creen dueños de las decisiones de todos, ser un país exportador de calidad mundial con un abanico de productos que muestra orgulloso no solo sus productos tradicionales mejorados, sino cientos de bienes que son producto del talento nacional, como los capullos de mariposa, por citar solo un caso. Aplaudo con entusiasmo a un gobierno que toma decisiones tan complejas como la de empujar la apertura y modernización de los puertos del Atlántico. No hay manera de avanzar en la senda del desarrollo si no tenemos vías adecuadas para el acceso y salida de materias, bienes y productos. Por supuesto que esto no es lo único que necesitamos. No se trata de ser simplistas. Pero no cabe duda de que ningún país puede ampliar sus horizontes y capacidades con unos puertitos que, según el Foro Económico Mundial, ocupan el lugar 125 de entre 150 del mundo. Les llegó la hora a Japdeva y su sindicato de permitir por fin el progreso de Limón pues lo que no pudo hacer en casi medio siglo no lo hará en los próximos 50 años.

Admiro —reitero— la voluntad de la Administración para acometer este empeño cuyos resultados no veremos antes de mayo de 2010 precisamente por la trascendencia y la visión de largo plazo que orienta esta decisión de política pública. Y es por eso, por lo que no puedo comprender por qué el gobierno se empeña en asumir batallas que no solo no tienen sentido estratégico para el desarrollo nacional, sino que claramente confunden a la ciudadanía y crean nuevos flancos de polarización y división, como la decisión de abrir el país a la minería a cielo abierto. No importa que la ley lo permita. No discutimos eso y en todo caso, será —como ya se nos hace costumbre— la Sala Cuarta la que lo defina. Lo que me pregunto es por qué comprarse esta batalla absurda, cuando hay tantas otras necesarias y urgentes que requieren el consenso y el apoyo nacional…