Natiuska  Traña

Natiuska Traña

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Miércoles 14 Marzo, 2018

El Estatista vs. El Hombre Fe

Hay ocasiones donde uno le puede poner whisky al café, se llama IrishCoffee (creo que un debate es una de ellas) y es que más de uno debe haber vivido en carne propia, lo que es pararse al frente de un grupo de personas para exponer o demostrar un punto de vista.

En esta segunda ronda electoral donde el porcentaje de indecisos es abrumador, es cuando muchos creemos que es necesario conocer a fondo las posiciones, los proyectos, las soluciones que pretenderán implementar los candidatos presidenciales, pero al contrario no se están logrando estos debates por los declines de alguno de los candidatos y nos estamos perdiendo la vuelta en el ring de los Alvarado.

Pero, ¿serán realmente aprovechados los debates y realmente causan algún impacto en la elección o en la democracia? Primero, en el Reino Unido, se celebró el primer debate televisado hasta el 2010 y se clasifica como uno de los países ejemplares en la gestión de sus procesos políticos.

Bueno, volvamos a Costa Rica y a los debates que hemos presenciado en esta campaña política; los medios de comunicación han tenido un papel preponderante a la hora de revisar los debates, promoviendo comentarios cínicos, descocados y sin vergüenza, supuestamente, analizando el comportamiento de los candidatos en vez de las propuestas (¿se acuerdan del debate que medía las emociones?), sinceramente no recuerdo haber escuchado ninguna solución viable de ninguno, en los últimos meses.

Seamos realistas, los organizadores de los debates pretenden que se discuta en tres minutos, cómo se van a solucionar las situaciones complejas que arrastra el país; los candidatos tratan de responder de manera superficial cómo lo solucionarían y además se interrumpen constantemente, hasta llegar a niveles de ofrecerle al otro un enjuague bucal. Sin espectáculo no hay rating.

Los debates electorales se han convertido en un espectáculo más de televisión, con “alfombra roja” donde se presentan videos desde que los candidatos se están alistando para llegar, su llegada al lugar y todos sus fans los esperan con banderas afuera y caras pintadas. Claro, no olvidemos que como todo evento, debe tener comentaristas (especialistas en política), que están pre-combate, —perdón— , pre-debate y post-debate siguiendo el evento y buscando los puñetazos que generen knock-outs técnicos temporales, mientras tanto, los candidatos se toman un trago de agua y se limpian la sangre de la cara; claro, la conclusión claramente con cada debate, es de tono negativo y en vez de tener certeza sobre el candidato que vamos a votar porque tiene las mejores propuestas, se cae en la posición de que la clase política está perdida y no tendremos soluciones, no remediando el tema del abstencionismo ni fortaleciendo la democracia.

Estamos en un momento histórico donde los ánimos están enloquecidos y se ha amplificado la incivilidad de todos los ciudadanos, no sé qué aporte real le daría un debate a la decisión que probablemente muchos ya hayan tomado. Varios comentaristas de los que mencioné arriba también han dicho, que los debates, han quedado debiendo en la calidad.

Le recomiendo ser autodidacta e informarse, revisar los planes de gobierno si quiere hacer un voto cuidadoso y principalmente tener claros los equipos de trabajo que nos van a imponer en los próximos cuatro años.

Esta pelea pareciera no definir nada más que quién será el que se lleve el Cinturón para Zapote, pero hay mucho en juego, como el déficit fiscal, la educación y la seguridad, ni hablemos de derechos humanos porque esos ni siquiera deberían estar en discusión. Independientemente de quién sea el ganador, esperemos que el nuevo campeón luche por una Costa Rica más competitiva, más inclusiva y más próspera.