Macarena Barahona

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Sábado 2 Agosto, 2008

Cantera
El duro vivir

Macarena Barahona

Me ausentaré unos meses de mi país, pero desde las tierras españolas que me acogen, procuraré compartir nuevas ideas y reflexiones, para los estimables lectores que me acompañan, en los ocho años que cumpliremos de tener este espacio del periódico LA REPUBLICA, que lleva por nombre Cantera.
La incertidumbre que rodea la vida de cualquier ciudadano trabajador en Costa Rica, en América Central, en Latinoamérica, en cualquier lugar de este pequeño mundo, es parte de la angustia existencial de este siglo. El concepto de sobrevivir, utilizado para los grupos más pobres, es un concepto que se amplía ontológicamente para el trabajador y la trabajadora de todas partes.
Su diario vivir es un manejo de esfuerzos para ampliar su capacidad de ingreso. Un sobrevivir con las cosas, con el acceso material a lo que nuestra cultura forma como el ser social del cada día.
Nuestros enseres, vestidos, vituallas y objetos que nos unen y separan en clases y prestigios. El duro vivir del milenio de las masas trabajadoras y las que aportan la riqueza de los otros. Otros que duplican riqueza amparados a las grandes empresas multinacionales. Y no hay otro país donde sea mejor la subsistencia, otro lugar de un paraíso utópico donde la libertad, de la mano de la igualdad, sea una ecuación para honrar la dignidad humana. No hay un lugar de justicia.
El trabajador amasa siempre la masa de otro. La trabajadora cuida los futuros trabajadores de esta necia especie, que no acepta su mortal prepotencia de considerarse unos más listos que otros.
Unos que piensan que el dinero vale su irreal simbología, y la patria con sus gentes y cosas, vale lo que pueda venderse.
Pero, felizmente, en todas partes de este pequeño mundo, siempre encuentra una la visión de ser humano, en las manos afanadas de los pesares y las luchas de los otros.
De los trabajadores mileuristas, españoles, africanos, árabes, moros, sudamericanos, dispuestos a seguir acuñando la historia de más trabajo y tesón, para que las todopoderosas multinacionales centren el universo posible en algún banco inexistente y siga esta historia, precaria, de un primer mundo goloso e insatisfecho dispuesto a consumirlo todo.
De trabajo a trabajo, manos de trabajo es lo que forma este mundo, aunque en Costa Rica, Centroamérica o Europa nos tratemos de olvidar.