Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 27 Diciembre, 2017

Pizarrón

El Año Nuevo y el Gobierno Nuevo


Quizá de las celebraciones populares la del Año Nuevo sea la más antigua en las diversas tradiciones de los pueblos. En el caso nuestro por la presencia del calendario gregoriano se celebra el 1° de enero.

De hecho se empieza a festejar desde la noche del 31 de diciembre cuando finaliza el año anterior, desde la noche y medianoche de ese día y el 1° de enero cuando empieza el siguiente año.

De acuerdo con otros calendarios y tradiciones religiosas, o de origen de los pueblos, esta celebración se celebra en otros países y naciones en otras fechas.

En algunas comunidades antiguas esta celebración se asoció a la agricultura, cuando se producían las nuevas cosechas o florecían las plantas. Por ello también se asocia a la fertilidad, y en algunos pueblos por su tradición religiosa a la diosa Fertilidad. En algunos pueblos esta festividad dura varios días.

En otros pueblos la llegada del año nuevo se celebraba con sacrificios, procesiones y en fiestas o rituales a la fertilidad, y hasta con ambiente carnavalesco, donde la gente se dejaba llevar por sus pasiones a excesos desenfrenados.

Otros pueblos vinculaban el Año Nuevo a supersticiones, de allí también los fuegos artificiales, pararse en un pie, generalmente el derecho, tocar instrumentos musicales como trompetas, poner monedas debajo del mantel con la intención de protegerse frente a desgracias en el año nuevo y para garantizar prosperidad y bienestar.

En algunos pueblos antiguos se creía que en el Año Nuevo se decidían los destinos. Otros pueblos asociaron el Año Nuevo a los equinoccios de Primavera o de Otoño.

Fueron los romanos los que establecieron la celebración de año nuevo el 1° de enero, cuando el emperador Julio César, en el año 46 a.C., por una modificación que introdujo en el calendario de su época, en el llamado calendario juliano, extendiendo el año a 445 días para hacerlo empezar el 1° de enero del año 45 a.C. Hasta ese momento se celebraba el 1° de marzo. Desde el año 153 a.C. los romanos celebraban el 1° de enero al empezar sus funciones los magistrados anuales y la fiesta giraba alrededor del dios Jano, que tenía que ver con el pasado y con el futuro, y cuyo templo tenía 12 altares, en concordancia con los 12 meses del año. La imagen del dios Jano es una cabeza con dos rostros, uno que ve hacia atrás y otro hacia el frente, hacia el pasado y hacia el futuro.

En estas festividades se acostumbraba regalar ropa entre la gente y dinero entre familiares, y era esperable que el año nuevo las personas lo iniciaran con dinero. Del mismo modo se acostumbraba entrar a las casas con el pie derecho como símbolo de buena suerte

El calendario romano duró hasta que el papa Gregorio XIII en 1582 volvió a modificar el calendario. Con el papa Gregorio XIII, y la tradición religiosa medieval, se añadió a los pueblos de tradición católica los símbolos cristianos de la Navidad, que hoy pesan más en la celebración del Año Nuevo.

Los cristianos de la Iglesia ortodoxa que mantienen el calendario juliano lo celebran el 14 de enero. Con el cambio del calendario juliano por la Revolución Rusa, en 1917, se empezó a celebrar el 1° de enero. Los cristianos de la Iglesia vetero católica lo celebran el 4 de febrero, de acuerdo al calendario gali-católico. Los cristianos cuáqueros y luteranos no celebran el Año Nuevo, ni los testigo se Jehová. Judíos y musulmanes por sus tradiciones tampoco celebran el 1° de enero.

En la tradición católica el 1° de enero exalta a la Virgen María, como Madre de Dios, con celebración de misa ese día y de descanso laboral, y de reflexión sobre la llamada Palabra de Dios, que requiere meditación sobre las acciones diarias de las personas, que contenga compasión, tolerancia, justicia y amor

En la tradición judeocristiana el 1° de enero coincide con la circuncisión de Cristo, en su octavo día de nacimiento, cuando recibió el nombre de Jesús.

En el actual siglo XXI la celebración del Año Nuevo es de carácter universal, de todo el planeta, más allá de las tradiciones culturales o religiosas de los distintos países, pues en todos los países del mundo se celebra la llegada del año nuevo, incluso es seguida desde el primer país que lo recibe hasta el último, por el movimiento de rotación de la Tierra.

En diferentes países se establecen costumbres adicionales a la celebración del inicio de Año Nuevo, como besarse, comerse 12 uvas para cada miembro de la familia, pensar en 12 deseos, darle vuelta a la cuadra de la casa, simbolizando con ello las posibilidades de viajar durante el nuevo año, hacer juegos pirotécnicos o fuegos artificiales, dar 12 campanadas en las iglesias a medianoche, descorchar botellas de champán o sidra, quemar muñecos de paja como símbolo de dejar el año viejo, realizar comidas familiares o la tradicional cena de Año Nuevo.

El algunos países la fecha de Año Nuevo es la de hacerse regalos, así se hacía en la Roma antigua, lo que hoy se hace más en la noche del 24 para el amanecer el 25 de diciembre, o el 6 de enero, asociado a la llegada de los Reyes Magos, según la tradición cristiana.

En muchos países la fiesta de Año Nuevo termina violentamente, incluso a nivel familiar, por el abuso del alcohol, por lo que la entrada y la fiesta del Año Nuevo adquiere un carácter hedonista, de exaltación del placer, del libertinaje y de desvergüenza, del placer como objetivo o finalidad de la vida para obtener la felicidad, especialmente exaltando los placeres del cuerpo más que los mentales, donde la apuesta es por las pasiones sin racionalizarlas.



Este Año Nuevo para los costarricenses es también la llegada, a la fuerza, por procesos electorales inexorables, que culminan el 4 de febrero, si se resuelve en primera ronda, o el domingo de Resurrección, primer domingo de abril, si llegare a suceder una segunda vuelta electoral, de un Nuevo Gobierno, que es, en este símil, la llegada de un Nuevo Año Político, que en nuestro caso dura cuatro años, como si fuera el año bisiesto político nacional, un Nuevo Gobierno, con nuevo presidente, nuevos ministros y nuevos diputados.

De acuerdo con nuestra tradición histórico política tenemos gobiernos de cuatro años de duración, al término de los cuales, es obligatorio someterlos a procesos electorales para ver si se mantienen los partidos que ejercen el gobierno o se cambian.

En el siglo XIX se permitía la reelección continua del presidente. El último que lo hizo fue Rafael Yglesias Castro que fue electo en 1894 y fue reelecto en 1898. Durante la primera mitad del siglo XX algunos presidentes alternaron su gobierno, Ricardo Jiménez electo en 1910, fue reelecto en 1924 y en 1932, Cleto González Víquez igual lo hizo en 1906 y en 1928. En la segunda mitad del siglo XX José Figueres gobernó por la fuerza, de facto, en 1948, presidiendo el Gobierno de la Junta Fundadora de la Segunda República, que es la etapa histórica que seguimos viviendo, fue electo constitucionalmente en 1953 y luego reelecto en 1970 y, finalmente, Óscar Arias electo en 1982 fue reelecto en 2006, siendo los únicos presidentes que ejercieron el poder del Gobierno de esa manera, por reelección.

Los partidos políticos pueden reelegirse en el gobierno, de acuerdo con la Constitución y el Código Electoral ininterrumpidamente, pero deben cambiar candidatos, para cada proceso electoral.

Eso es lo que enfrentamos en este momento, lo que podríamos llamar un Año Nuevo Político para la sociedad y el pueblo costarricense, donde tenemos la posibilidad de nombrar presidente y diputados para que rijan de la mejor forma posible el gobierno y los órganos de poder de la República.

Del mismo modo este cambio de gobierno, en términos electorales, se ha visto como una fiesta electoral del pueblo costarricense. De nuestras tradiciones políticas es sólida, vieja, con gobiernos estables de cuatro años de duración y con participación de partidos políticos está desde 1890. La llamada fiesta electoral nacional se empieza a celebrar en una larga noche que da inicio con la convocatorio del proceso electoral que hace el Tribunal Supremo de Elecciones unas semanas antes de la elección, donde con reglas claras, el pueblo costarricense se vuelca de distintas formas a escoger dentro de esta celebración política, al partido gobernante próximo y a sus candidatos.

Para nosotros el año nuevo político inicia en la noche del 4 de febrero, y culmina el 1° de mayo de mayo cuando se instala la nueva Asamblea Legislativa y remata su instalación el 8 de mayo cuando asume el nuevo gobernante.

Aquí se acaba también el viejo gobierno, el que fallece en esas mismas fechas. Aquí brilla el Jano político nuestro, mirando el gobierno pasado y expectativamente esperando el Nuevo Gobierno. Aquí empieza el nuevo proceso de cosechas y frutos como de florecimiento de plantas.

No vemos los costarricenses nunca en estos procesos un inicio de desgracias, ni que caiga sobre el país ni el pueblo un periodo de plagas o calamidades nacionales. La esperanza se impone en el Nuevo Gobierno en el deseo de que le vaya lo mejor posible porque así le va bien a todos los ciudadanos y habitantes del país.

Eso sí, a partir de este Nuevo Gobierno, se puede y generalmente se hace, por comparación, ver si el anterior gobierno fue de plagas o no.

No hay en el horizonte un dios político que advierta, con emisarios o líderes políticos, ante el posible gobernante entrante, de males que puedan ocurrir de no cumplir lo prometido en la campaña político electoral. Al contrario, en el pentateuco político nacional lo que hay es una fiesta de liberación del actual gobierno, para que entre uno nuevo. Si las desgracias existen están relacionadas con el actual gobierno al que 12 partidos políticos quieren sustituir y eliminar de la conducción de la administración pública. La amenaza de las plagas, si la hay, es si continúa la actual administración política.

No hay a la vista en la celebración del Año Nuevo Político nacional ambiente carnavalesco, como se hacía en otros procesos electorales, donde los electores se dejaban llevar por sus pasiones y excesos desenfrenados. Al contrario, hay indecisión grande en los electores ante el panorama que se presenta a cinco semanas de las elecciones.

Supersticiones políticas las hay sobre los posibles candidatos con posibilidad de llegar a gobernar, de modo quijotesco, esta ínsula Barataria, cuyo gobierno no se lo ganan por barato, y cuál Sancho Panza será el gobernante transitorio, por cuatro años, con su carro de encantadores y magos, y de que los siete días del gobierno de Sancho no sean cuatro años de duro gobierno nacional sobre el pueblo costarricense.

Del Nuevo Gobierno cabe que se decida el destino futuro, al menos por cuatro años, de los costarricenses. Si en la celebración del año nuevo en la antigüedad estaba el de repartirse o hacerse regalos, el mejor regalo del Año Nuevo Político nacional es el de recibir al Nuevo Gobierno.

Auguremos que el Nuevo Gobierno no sea como la ínsula Barataria, donde el gobernante entretenga por un buen rato, ni se crea historias de caballerías donde deba ser tratado como un Caballero, donde el gobierno sea un juego y una farsa, donde predominen los modales.

Aquí valen para el nuevo Gobernante de esta ínsula Barataria que se disputan algunos, el 4 de febrero, los consejos que le diera Don Quijote a Sancho Panza cuando asumió como Gobernador, conocerse a sí mismo, no creerse que se merece el gobierno que se le da el 4 de febrero, o el Domingo de Resurrección, que recuerde que es por suerte que lo tiene y por la grandeza de los votantes que se lo confiaron, que no nos juzgue por las apariencias, que trate igual los regalos de los ricos como las lágrimas de los pobres, que no le dé importancia a las ofensas que reciba ni que el pensamiento del gobernante se oscurezca o nuble por estas ofensas, que en materia de justicia prevalezca la generosidad y no la dureza, que si a alguien castiga con acciones no lo haga con la palabra, y que evite cometer el error más caro que se le pueda cobrar, el de actuar conforme a sus pasiones.

Aquí como en la novela del Quijote puede ser que al nuevo gobernante lo enojen porque no se le permita comer todo lo que quiera, para esos están el Presupuesto Nacional de la República amarrado, los controles constitucionales, institucionales, la Sala IV, las redes y la actual fiscala general de esta ínsula. En esta ínsula los ataques al gobierno no se fingen, son reales, pero no provocan revoluciones que deban ser sofocadas.

Del gobierno de la ínsula de Barataria Sancho salió vapuleado, adolorido, en cierta forma decepcionado, y como el actual Presidente, Luis Guillermo Solís dijo que el gobierno no era para él, renunciando a la posibilidad de volver a ser presidente…