Silvia Castro Montero

Silvia Castro Montero

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Lunes 12 Enero, 2015

Educación para la Salud debería ser asignatura básica, en atención a los aspectos físicos, mentales, emocionales y sociales de los chicos


Educación, salud y secundaria

Si tan solo preparáramos a los jóvenes para asumir los retos sociales cotidianos de este siglo —la violencia, el alcohol, las drogas, la obesidad, los embarazos no deseados, las enfermedades y las relaciones disfuncionales— podríamos mejorar los índices de logro escolar, formar adultos productivos y reducir significativamente los costos de los servicios de salud y seguridad.
Más allá de ser un tema transversal en el curriculum, Educación para la Salud debería ser una asignatura básica, en atención a los aspectos físicos, mentales, emocionales y sociales de los chicos, para ayudarlos a mantener su salud, a prevenir la enfermedad y a evitar las conductas de riesgo a lo largo de su vida.
Aprenderían sobre las enfermedades causadas por el sedentarismo y la alimentación deficitaria, así como las consecuencias de los desórdenes alimentarios y el uso indebido de pastillas para adelgazar y los esteroides anabólicos.
La expectativa es que los jóvenes puedan plantearse metas para lograr una nutrición balanceada y diseñar un plan de actividad física apropiado.
Se familiarizarían además con los cambios físicos, sociales y emocionales en su etapa de desarrollo, así como con los procesos de concepción, las etapas de embarazo y las responsabilidades asociadas con la paternidad responsable. Comprenderían las características de relaciones humanas saludables, las relaciones de pareja y el matrimonio; así como sobre los métodos más efectivos para la prevención de las enfermedades venéreas y el embarazo. Conocerían el proceso de desarrollo fetal y nacimiento, así como los cuidados prenatales y perinatales. Ante todo, aprenderían a valorar los beneficios de esperar a la adultez para concebir hijos.
El programa incluiría tópicos sobre el bienestar mental de los alumnos. El propósito es ayudarlos a identificar situaciones estresantes y emplear técnicas para manejarlas, a dialogar y utilizar técnicas de resolución de conflictos, a desarrollar una autoestima positiva, a detectar señales de depresión o conductas auto-destructivas, y a buscar asistencia en salud mental en caso de ser necesario.
Reflexionarían sobre los beneficios de abstenerse de consumir alcohol, tabaco y otras drogas. Además, comprenderían las consecuencias de afiliarse con pandillas, a identificar conductas como el matonismo, la violencia y acoso sexual, y a reportar estas conductas ante las autoridades.
En un último módulo, aprenderían sobre salud comunitaria y las técnicas de primeros auxilios, la atención de emergencias en sus propios hogares y comunidades, y la prevención y resolución de problemas ambientales. Sabrían efectuarse autoexámenes, a programar revisiones médicas y dentales regulares, y a identificar síntomas que ameriten buscar servicios de salud.
Este programa generaría ahorros como resultado de los mayores índices de salud de la población y una menor incidencia criminal, así como fuentes de empleo para psicólogos, nutricionistas, promotores de salud y educadores físicos.

Silvia Castro

Rectora de Ulacit