Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 4 Octubre, 2013

Una de las tareas a emprender en el más corto plazo es el salvamento del casi medio millón de niños entre cero y seis años, de los cuales la tercera parte vive en hogares pobres


Educación: la dificultad de los cambios

La entrega del IV Informe del Estado de la Educación vuelve a inquietar a un sector del país, ya que nos muestra con claridad dónde están los tumores, cuáles son los desafíos, y va entregando piezas para armar las soluciones.
El aporte de las investigaciones y del análisis que nos entrega este informe, al igual que los anteriores, es invaluable para la sociedad. Lo que sigue, que ya no es materia del informe, es la gran decisión de saltar o no saltar.
Todo intento de combinar la gestión de gobierno con el “hacer” a gran escala, paraliza la capacidad de tomar decisiones, decía Peter Drucker, el más brillante gurú de las organizaciones. Bueno, aquí y ahora tenemos grandes desafíos, algunos de los cuales se han arrastrado por décadas, que nos han ido dejando atrás en el contexto latinoamericano, donde no hay muchas estrellas brillando.
Si bien el actual ministro de educación ha impulsado importantes proyectos, nos encontramos ante desafíos muy grandes y obstáculos ya petrificados.
Una de las tareas que se deben emprender en el más corto plazo es el salvamento del casi medio millón de niños entre cero y seis años, de los cuales la tercera parte vive en hogares pobres (2011).
Pero la cobertura va mucho más allá de la línea de pobreza, ya que hay una enorme cantidad de hogares que viven en situación de riesgo, donde la pobreza está a la vuelta de la esquina. Sabemos que esta es una etapa clave en el desarrollo del niño, ya que la estimulación del mismo tiene un impacto en toda su vida.
Esta es la base demográfica que hay que rescatar para ir impulsando  desde su génesis la movilidad social y evitar que caigan en el ya tradicional círculo de la “pobreza eterna”. El niño debe ser el centro de la preocupación de una sociedad que mira hacia el futuro.
Aquí nos encontramos con al menos dos situaciones críticas: la adecuada formación de quienes facilitarán la estimulación y desarrollo temprano del niño (a) y un programa integral, como se ha realizado en otros países y parcialmente en Costa Rica, en que se recupere al niño de los hogares en riesgo.
El débil papel del IMAS (dedicado también a empresario de tiendas libres) y de la gran cantidad de organismos dedicados a gastar los recursos dirigidos a los pobres, poco ayudan a este esfuerzo integrador.
Lamentablemente la burocracia en su sentido más disfuncional, ha terminado en una red tan poco transparente como ineficaz para coordinar la integración pobreza-educación.
Por otra parte, programas educativos y de atención y protección infantil (CEN-Cinai), así como la Red Nacional de Cuido y Desarrollo Infantil, entre otros, son esfuerzos importantes, pero todavía muy insuficientes, tanto cualitativa como cuantitativamente.
No hay muchos secretos de lo que hay que hacer y de cómo hacerlo, pero hay que tener las agallas para pasar de una etapa bucólica de seguir haciendo lo mismo, a una etapa de cambios que permitan volcar las tendencias. Quisiera estar optimista.

Arturo Jofré

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