José Paulo Martínez
Gerente de Innovación y Producto de CAFSA
Cada decisión que tomamos con el dinero impacta en nuestra calidad de vida y de nuestra familia. Desde un café diario o la compra de un vehículo, hasta el uso de una tarjeta de crédito. Sin embargo, muchas veces estas decisiones las llevamos a cabo sin la información adecuada.
Esto lo confirma la más reciente Encuesta sobre cultura financiera de los costarricenses, realizada en 2024 por el Centro Internacional de Política Económica para el Desarrollo Sostenible (CINPE) y la Universidad Nacional (UNA): 8 de cada 10 personas en Costa Rica nunca han recibido educación financiera, aunque 7 de cada 10 dicen que les gustaría aprender sobre el tema.
Los números hablan por sí solos. Existe una necesidad urgente de herramientas que nos permitan administrar mejor nuestros recursos.
Cuando no sabemos cómo organizar ingresos, planear metas o manejar deudas, se vuelve más difícil mejorar la calidad de vida, salir del endeudamiento o construir un futuro económico seguro.
Por eso, la educación financiera debe verse como un aliado para la vida diaria y no como un tema técnico reservado solo para especialistas. Y aunque es un proceso que se construye con el tiempo, dar los primeros pasos puede ser más sencillo de lo que parece.
Un buen comienzo puede ser llevar un registro de los gastos durante un mes. Al verlos reflejados en papel o en una aplicación, se hace evidente cómo las compras pequeñas, que suelen pasar desapercibidas, pueden acumularse y representar una gran diferencia en las finanzas personales.
También es útil plantearse una meta concreta y alcanzable. Por ejemplo, destinar un porcentaje fijo de los ingresos a un fondo de emergencias o a un plan familiar; comenzar de manera gradual ayuda a convertirlo en un hábito sostenible.
Antes de asumir una deuda, conviene detenerse a reflexionar y hacerse dos preguntas sencillas: ¿la cuota se puede pagar cómodamente con los ingresos actuales? y ¿la compra es realmente necesaria o podría esperar?
Tener salud financiera no significa vivir sin deudas, sino gestionarlas de manera que se ajusten a los ingresos reales. Esto permite tomar decisiones con más seguridad y confianza mientras se construye una base firme.
Por ejemplo, se acercan los meses en los que, tradicionalmente, hay más dinero en la calle. Ese este contexto es clave identificar qué compras son necesarias y cuáles pueden postergarse.
En definitiva, la educación financiera no es un lujo, sino la herramienta que nos permite vivir con tranquilidad hoy y abrir camino a un futuro más sostenible.





































