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Miércoles, 12 de mayo de 2021



COLUMNISTAS


Dos completos desconocidos

Natiuska Traña [email protected] | Viernes 23 abril, 2021


Recientemente en Netflix se estrenó el cortometraje “Two distant strangers” dirigido por Travon Free y Martin Desmond.

Este corto ejemplifica el terror que siente un joven afroamericano que queda atrapado en un bucle temporal, después de pasar una de las mejores noches de su vida con una chica que ha conocido recientemente. Al día siguiente, cuando va a de regreso a su casa a alimentar a su perro, se encuentra en el camino con un policía que lo asesina a sangre fría (una y otra vez) mientras una vendedora ambulante filma dicha escena.

El cortometraje nos recuerda la forma grotesca en que murió George Floyd y muchos más ciudadanos en manos del abuso de la autoridad policial.

Esta temática se junta con el veredicto del jurado del pasado 20 de abril, donde se declara culpable a Derek Chauvin por el homicidio de George Floyd.

No solo el jurado, sino cualquier persona sin problemas mentales, coincidirá en que los actos de Chauvin fueron brutales: asesinar a sangre fría y a plena luz del día a un ser humano sin ninguna justificación.

Este acto y muchos más cometidos por el abuso de autoridad de algunos policías en los Estados Unidos desataron movimientos y manifestaciones bajo el nombre “Black Lives Matter”. Este movimiento nació con el objetivo de concientizar y sensibilizar sobre el problema del racismo, sin embargo usar como variable la “raza” para organizar un movimiento de personas más que lograr justicia, igualdad y seguridad ha desencadenado más violencia, que es precisamente la que se quiere evitar.

No podemos dejar de lado que George Floyd es un ser humano y que “All Lives Matter”, no solo las vidas de grupos específicos. La condición de ser humano y de sujeto de derechos no compete al nivel de inteligencia, identidad, comportamientos, país de nacimiento, color de piel, sexo, género… Utilizar alguna de estas variables para definir si un ser humano es más o menos valioso se vuelve destructivo y divisivo para cualquier sociedad civil, logrando el efecto contrario y produciendo más violencia.

La base de la civilización ha sido principalmente el acuerdo de las personas para reprimir sus deseos más bajos, la tendencia a matarse unos a los otros por diferencias superficiales o imaginarias. Estamos en el 2021 y aún faltan años de educación y desarrollo para aprender a cómo no comportarnos como animales. Cuando me refiero a educación es al respeto por la ciencia, el debate público, argumentos racionales a partir de hechos y el equilibrio en la sociedad dado por los derechos humanos o fundamentales.

La única forma de que cambiemos estos comportamientos es mediante la discusión seria y la aplicación de políticas públicas que permitan la convivencia pacífica entre seres humanos. Es grave y peligroso el fenómeno que causa la desconfianza hacia la autoridad o a las instituciones que resguardan los valores básicos de un país, porque como consecuencia genera criminalidad e inseguridad respecto al sistema que nosotros mismos hemos construido para regularnos.

No es cierto que el desorden que tenemos en el mundo es consecuencia de los progres, los fascistas, los cristianos, los ateos, los machistas, los feministas o las vacunas contra el Covid, es la desinformación y la falta de educación para someterse al diálogo en vez de recurrir a la violencia para que se garantice el respeto a los derechos individuales y colectivos.

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