Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 9 Diciembre, 2013

Los ciudadanos no somos idiotas. ¿Los políticos nos pueden asustar con mentiras? A mí no


Dominar por medio del terror


“Duérmete niño, duérmete ya, que viene el Coco y te comerá”. O sea, ¿en serio? ¿Quién puede dormir bajo una amenaza tan terrible? Por más arrulladora que sea la música, la letra no ayuda en nada. ¿Dónde está el Coco? ¿En la esquina, debajo de la cama, detrás de la puerta? ¿Cómo conciliar el sueño?
“A los desobedientes se los lleva el viejo del saco” ¡Te-rro-rí-fi-co! Tengo que hacer todo, todo, todo lo que me ordenen, obedecer sin cuestionar la autoridad, aunque no esté de acuerdo, porque de lo contrario, un viejo (debo recordar temer a los de la tercera edad) me va a meter en una bolsa y me secuestrará.
“Si no te comés toda la comida el monstruo se va a poner furioso”. Ya no tengo hambre, pero voy a comer hasta vomitar. Y los niños que no tienen qué comer, ¿deben lidiar con el monstruo? Pobrecitos, mejor ayuno y les comparto mi almuerzo. ¿O no? ¡No sé qué hacer!
“No seas insolente porque de lo contrario en la noche vendrán los muertos a jalarte las patas”. ¿Insolente? Solo intenté expresar mi opinión. ¿Y cuáles muertos van a venir? Mi abuela me quería, Dioni y mi papá también. ¿Tengo que tenerles miedo? ¿Por qué me van a jalar las patas?
Las campañas del miedo son de terror. Mis padres nunca las utilizaron conmigo o mis hermanos. Por supuesto que, como todos los seres humanos, he tenido toda clase de pavores.
Los niños pequeños suelen tenerles pánico a los payasos (es lógico), a las tijeras (¡se aterrorizan cuando les cortan el pelo o las uñas!), a los personajes de ficción (muchos son ho-rro-ro-sos), al abandono (¿quién no?) y a la oscuridad (superable, pero comprensible).
Los adultos no les tenemos miedo a los payasos, nos gusten o no. Las tijeras, o más bien, cualquier arma punzo cortante nos puede paralizar. El abandono tiende a seguir provocándonos angustia. Si somos racionales, ningún personaje ficticio nos asusta. Algunos reales no aterrorizan.
Tratar de lograr la obediencia de los hijos asustándolos con mentiras, es una práctica inadecuada y peligrosa: provoca en ellos inseguridad, ansiedad, angustia e incapacidad para responder racionalmente ante las amenazas reales. Nunca he aplicado la teoría del pánico, pero la entiendo. Padres con miedo tienden a defenderse asustando a sus vástagos.
Los políticos vienen a ser los “padres de la Patria”. Aunque no nos guste, en muchos sectores sociales, ideológicos y económicos, ellos son los progenitores. Las campañas electorales suelen apelar al terror. Y lo hacen cuando los más temerosos son ellos mismos. ¿Debo recordarles la cruzada del pánico en contra del No al TLC? ¿El Memorándum del miedo?
Luego de la publicación de la última encuesta, algunos sectores, partidos y candidatos se asustaron. ¿Cuál ha sido su reacción?: tirar su pánico sobre algunos candidatos. Por ahora el diablo mayor, según ellos, es Villalta. Si Luis Guillermo Solís sube su porcentaje en intención de voto, él será el blanco de todos los dardos del miedo.
Los niños no son tontos. Pueden ser manipulados por adultos que les meten miedo.
Los ciudadanos no somos idiotas. ¿Los políticos nos pueden asustar con mentiras? A mí no.

Claudia Barrionuevo
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