Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 3 Septiembre, 2013

Tenemos 20 años de ver para afuera sin preocuparnos por generar condiciones estratégicas para el desarrollo industrial, comercial o agrícola local


Devolver la fe

No recuerdo en la historia reciente, digamos en los últimos diez años, un empresariado tan pesimista con su entorno y lo que le espera a futuro. Lo anterior es especialmente preocupante de cara a las elecciones de febrero próximo. Este fenómeno ha sido correctamente documentado por varios entes, así es que no podemos hablar de percepciones mas si de realidades:
En mayo anterior, el Barómetro Empresarial de la firma Deloitte presentó dos conclusiones especialmente preocupantes: Mientras solo un 38,4% de los empresarios dice estar mejor que el año anterior (un descenso del 19,5% respecto del año anterior), apenas más de la mitad (53,6%) se muestra optimista respecto del futuro.
Con ello es consecuente el Índice de Confianza que publica la Cámara de Comercio y que estableció en junio pasado que la confianza del sector comercial está en el límite (100), siete puntos abajo que el trimestre anterior.
Así, solo el 16% de los encuestados prevé una mayor inversión mientras que el 18% augura reducción en su planilla.
La semana anterior, la Escuela de Estadística de la UCR publicaba el más reciente Índice de Confianza de los Consumidores (ICC) que se sitúa en un 38%, sea el punto más bajo desde febrero de 2010 para la elección del actual gobierno.
El país enfrenta una serie de retos impostergables que se arrastran desde hace años y no debemos esperar respuestas de quienes buscan llegar a Zapote.
Soluciones que trasciendan de la actual retórica electoral y que se traduzcan en planteamientos de pronta y resoluta ejecución.
Richard H. K. Vietor en su libro How Countries Compete (Como Compiten los Países) define los seis principios que marcan la competitividad.
El primero de ellos es la Estrategia, que en nuestro caso tiene una clara orientación internacional, enfocada en tratados de libre comercio y la atracción de inversión extranjera, pero que adolece de una orientación nacional. ¿Adónde quedaron, por ejemplo, programas como Volvamos a la Tierra que redinamizó la producción agrícola y nuestras exportaciones tras la crisis durante el gobierno Carazo Odio?
Tenemos 20 años, desde la llegada de Intel, de ver para afuera sin preocuparnos por generar condiciones estratégicas para el desarrollo industrial, comercial o agrícola local.
La Estrategia exige también una política monetaria y fiscal consecuente con las metas macroeconómicas que nos fijamos como país. Esto incluye, a manera de ejemplos actuales (a) el tope al crédito impuesto por el Banco Central; (b) la eterna, urgente y no resuelta reforma fiscal y (c) la revisión a la baja del Programa Macroeconómico del Banco Central.
Recogiendo el guante que tiré en estas páginas el 30 de julio anterior (Proponer para Construir) es que rescato especialmente el tema de la competitividad y lo hago, sin limitarme a la atracción de inversión extranjera sino también como el principio general que puede venir a revertir el pesimismo empresarial presente.
Seguimos.

Pedro Oller