Enviar
Estudio recomienda reformas de fondo para hacer del auge inmobiliario un fenómeno perdurable
Desorden amenaza sostenibilidad en el Pacífico

• Manejo de aguas y residuos, planificación territorial y contención de doble economía surgen como temas prioritarios
• Investigadores españoles revelan deficiencias del país y elaboran propuesta para fomentar la inversión responsable

Eduardo Baldares
[email protected]  

El vertiginoso crecimiento turístico e inmobiliario de los últimos años en el litoral del Pacífico costarricense es una burbuja que conforme se infla corre el riesgo de explotar, y que con ella se llevaría el potencial de atraer más inversiones, dejando solo las secuelas de un paraíso que pudo ser explotado de forma amigable con el ambiente.
A estas conclusiones llegan los investigadores del proyecto Fomento de la Inversión Turística Responsable Española en Costa Rica, de la Universidad de Barcelona, quienes no conformes con revelar una serie de deficiencias que urge combatir, elaboran una propuesta para la continuidad del modelo de atracción inmobiliaria y turística, pero de forma sostenible.
Entre los puntos que amenazan la perdurabilidad del auge, y que heredarían lamentables consecuencias medioambientales, los catalanes subrayan los manejos del agua (potable y residual) y de residuos sólidos, así como la planificación territorial por parte del Estado.
Aunque los proyectos puede que cumplan con la tramitación individual conforme a la ley, el problema es la enorme cantidad de permisos que se han otorgado durante los últimos años, desencadenando efectos ambientales acumulativos que se reflejarían en escasez de agua, contaminación y disminución de paisajes.
El estudio señala que en las zonas turísticas del Pacífico se está dando una doble economía que tiene diferentes repercusiones, pues al incremento de precios de tierras y productos en las zonas más hermosas y que son asequibles principalmente para los extranjeros, le siguen fenómenos como la migración de la población local a lugares más baratos, la aparición de sectores marginales, resentimiento y, finalmente, crecientes brotes de inseguridad.
“Resulta que el empleado del banco no puede comer en la soda de Tamarindo, porque es muy caro, y tiene que devolverse a su casa”, ejemplificó Josep Fortuny, quien se encarga de la versión audiovisual del proyecto.
Empero, los investigadores consideran que todas estas son tendencias reversibles, que Costa Rica sigue siendo un destino propicio para la inversión española y que el proyecto trata justamente de mantener esa condición de beneficio recíproco.
“Costa Rica ha ofrecido a los inversores atractivos en muchos niveles: calidad del recurso humano, estabilidad política y económica, belleza de sus costas, diversidad natural, considerable seguridad jurídica y en general una política orientada a la atracción de inversiones”, comentó la investigadora Yasmina Cánovas.
El beneficio es recíproco. “La actividad turística ha abierto nuevas oportunidades dentro del sector laboral costarricense, al punto que quienes trabajan en el área hotelera tienen un mejor nivel de vida que el que tendrían si por ejemplo se mantuvieran en labores agrícolas, pero no solo por salarios, sino por ventajas adicionales como el aprendizaje de un segundo idioma y capacitación constante, en el plano individual, y en el colectivo mejoramiento de carreteras e infraestructura”, argumentó.
Cánovas reveló que los inversores españoles en el Pacífico son grandes cadenas que ofrecen el sistema “todo incluido”, que emplean a unas 600 personas por hotel, pero que al mismo tiempo generan cierta inconformidad porque los huéspedes no invierten directamente en la comunidad que los acoge.
“Lo que falta es promover más los encadenamientos productivos para que de los centros turísticos se deriven beneficios sociales”, sintetizó Cánovas.
La reinversión de los impuestos en materia social y estímulo de políticas paisajísticas a través de premios a los municipios que las pongan en práctica son otras medidas recomendadas por el proyecto Fomento de la Inversión.
Quizás la mayor preocupación se enfoca en lo ambiental. Según la primera fase del proyecto, las cadenas hoteleras españolas han pasado por los estudios de impacto ambiental y poseen plantas de tratamiento de aguas, pero Cánovas se pregunta de qué sirve si después las aguas tratadas “igual se unen con la materia fecal que inunda al Tárcoles desde San José, y que final va a dar al mar”.
Si se siguen otorgando permisos sin considerar el efecto acumulativo, esto se va a notar pronto en los paisajes, lo que unido a la falta de reglas claras y el embrollo de trámites que hay que pasar puede terminar “espantando” a los inversores.
“Hay que fomentar un sistema de explotación turística coparticipativa entre el extranjero y el costarricense, de manera que se abran las vías de un turismo rural sostenible, encadenado para beneficio de todos, pero también hay que agilizar la tramitomanía”, concluyó Cánovas.
Cómo lograr estas metas es lo que expondrán los investigadores de la Universidad de Barcelona en la segunda parte de su proyecto.



Ver comentarios