David Gutierrez

Enviar
Martes 26 Noviembre, 2013

Para reducir la pobreza, en el corto plazo se requieren políticas de generación de empleos estables y medidas de protección laboral y de seguridad social


¿Desigualdad o pobreza?

La pobreza en Costa Rica afecta a un 20% de los hogares y se mantiene casi invariable desde hace más de 20 años. Además de esta grave situación, es lamentable que en estas dos décadas el Estado haya creado un sinnúmero de programas sociales para contrarrestarla, que han fracasado o no son del todo eficientes en su tarea.
Lo único cierto es que para reducir la pobreza, en el corto plazo se requieren políticas de generación de empleos estables, junto con medidas de protección laboral y de seguridad social. Solamente con ayudas estatales, como becas y otras, no lograremos reducir la pobreza.
Paralelamente, además de no haber podido reducir la pobreza, en los últimos años aumentó la desigualdad entre aquellos que más y menos tienen. El propio XIX Informe del Estado de la Nación indica que en 2011 hubo 18 países de la región latinoamericana que lograron una mejoría en la distribución del ingreso, en comparación con diez y 20 años antes.
Costa Rica, sin embargo, camina en sentido inverso. A inicios de la década de los 90 tenía el coeficiente de Gini (que mide la desigualdad de ingresos) más bajo en una muestra de 11 naciones latinoamericanas. Hoy, el ingreso total promedio de los hogares más ricos es 24,8 veces mayor que el de los hogares más pobres.
Es muy preocupante que actualmente seamos uno de los pocos países que muestran un creciente aumento de la desigualdad en toda América Latina. Como concluye el mismo informe, esto subraya que no estamos atacando aquellos factores, propios de la sociedad y la economía costarricenses que disparan la desigualdad de ingresos.
Por un lado, entonces, está el problema de la pobreza. Por otro, el de la desigualdad. ¿Cuál solución debe ser prioritaria?
Quienes abogan por solucionar la pobreza más que la desigualdad, tienden a ser pragmáticos: ¿Qué importa la desigualdad una vez que todos tenemos resueltas nuestras necesidades básicas de comida, vestido, vivienda, abrigo y salud? ¿Para qué dedicar recursos públicos a reducir una desigualdad que, sin pobreza, a nadie le importa?
Por otro lado, quienes pretenden concentrarse en la desigualdad, alegan que afecta irremediablemente la convivencia social. En particular, la ostentación que vive nuestra sociedad provoca en aquellos que menos tienen (aunque no sean pobres) un deseo por bienes que no necesitan (y no pueden pagar), que los hace tomar decisiones irracionales, absurdas y a veces delictivas, para poder adquirirlos.
Independientemente de cuál sea la estrategia, insisto en que sin mayores ofertas de empleo no se van a reducir la pobreza y la desigualdad. Igualmente, esas fuentes de empleo no vendrán de un Estado quebrado. ¿Por qué entonces tanto empecinamiento en contra de las nuevas inversiones de empresas?
El mejor ejemplo actual es la nueva terminal de contenedores de Moín. Paradójicamente, es en Limón, la provincia con más pobreza y desempleo, donde más se resisten a nuevas inversiones.
¿Por qué seguir cuestionando los beneficios de las empresas en zonas francas?
¿Por qué unos pocos siempre se oponen a las oportunidades de muchos?
Como lo decía Adam Smith, “No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados”.

David Gutiérrez
[email protected]