Iris Zamora

Iris Zamora

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Lunes 6 Abril, 2015

Peregrinamos por este trozo de tiempo al que llamamos vida, llenos de incertidumbre, de dolor, de angustia, de arrogancia, de desenfado, …con sed


…desde Moncho

JESÚS

Carpintero, Predicador, Profeta, Sanador, Mesías, Maestro. Contemplar su figura colgando de una cruz, en ese instante de su sufrimiento humano siendo Dios, es el Misterio de Justicia y de Amor más intenso que podremos presenciar como humanas, como humanos.
Comprendido solo por la gracia de la Fe, nos trasforma en más humanos. Nos recuerda que aun cuando no llegó a cambiar la Ley, nos traía un nuevo mandamiento, que nos amaramos unos a otros, como Él nos ama. ¡El más difícil de cumplir!, porque Él mismo nos recuerda, “si aman a los que los aman, qué mérito hay en ello”. Sentencia “amen a sus enemigos”. Más difícil aún.
Nos confesó que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre al Reino de los Cielos, y, en la parábola del joven rico lo comprobamos, cuando aun siendo un joven bueno, que deseaba ser perfecto, Jesús le dice que regale todos su bienes, y el muchacho se va triste, porque no puede desprenderse de lo material.
Somos una sociedad que privilegia lo material, y desdeña lo espiritual. Aun cuando tenemos la certeza de que “no solo de pan vive el hombre”. Caminamos buscando respuestas a nuestra sed espiritual, pero insistimos en saciar nuestra vida con lo material.
“Busquen el Reino de Dios y su Justicia y todas las otras cosas les serán dadas por añadidura”… Continuamos ocupados, afanados, obsesionados, en buscar las cosas que nos van a dar como añadidura, en vez de encontrarnos con ese Reino de Dios y la Justicia. Nos dijo que está a la puerta llamando, que si alguno escucha su voz, que si abrimos, Él entrará, cenará con nosotros.
La mesa está servida. Pero respondemos como los invitados de la parábola del Dueño de la Hacienda que invitó a sus amigos a un banquete extraordinario y todos pusieron excusa para no asistir.
Nuestra angustia diaria es, por lo que vamos a comer, a vestir... amorosamente Jesús nos recuerda, que las aves del cielo, no guardan, ni ciegan en graneros, Dios las alimenta, que los lirios del campo visten hermosamente, más que Salomón con toda su gloria, y exclama ¡qué no hará Dios por ustedes hombres de poca fe!… que a cada día le basta su propio afán.
Mientras tanto peregrinamos por este trozo de tiempo al que llamamos vida, llenos de incertidumbre, de dolor, de angustia, de arrogancia, de desenfado, …con sed, sin recordar que si bebemos del agua que nos ofrece, nunca más volveremos a tener sed.
En el Gólgota quedaron nuestras miserias, construidas desde lo injusto, el egoísmo y vanidad, crucificadas, destruidas, por la resurrección de quien se atrevió a dar su vida, sufriendo el más degradante escarnio, para que tengamos Vida.
En la imagen del Jesús en el pollino, entrando a Jerusalén, vitoreado con palmas, por una multitud que le vio hacer milagros, resucitar muertos, curar leprosos, que devolvió la vista a los ciegos e hizo caminar a paralíticos, que perdonó sus pecados… y unos pocos días después gritando ¡crucifíquenle!… nos retratamos como Humanidad frente al Hijo que nos ofreció vino nuevo, en odres nuevos.

Iris Zamora