Enviar
Lunes 25 Junio, 2012

Desastres “naturales”: un atentado a la prosperidad

Estamos acostumbrados a escuchar que los “desastres naturales” acechan al ser humano. Pues bien, este mes que celebramos el medio ambiente, es un excelente momento para entender que es el acecho del ser humano a la naturaleza lo que causa eso que llamamos desastres y su enorme peso en la prosperidad de un país.
Al crecimiento económico sin límites y cada vez menos equitativo, se suma el crecimiento poblacional urbano desordenado para que cada vez más personas expongan su vida habitando zonas vulnerables. Nada de esto es obra de la naturaleza.
Los desastres solo ocurren cuando no se está preparado para enfrentarlos, y es del ser humano la responsabilidad.
Las pérdidas económicas sufridas por la humanidad ante los desastres están alcanzando niveles alarmantes e insostenibles. Solo en Centroamérica se perdieron más de $10 billones en 2011 y en Costa Rica hemos llegado a perder hasta un 6% de nuestro Producto Interno Bruto en una sola situación como la del terremoto de Limón en 1991.
Otro ejemplo. Cuando ocurrió el terremoto de Cinchona, la Comisión Nacional de Emergencias solicitó un préstamo rápido al Banco Mundial por $25 millones para labores extra de emergencia, el cual, lógicamente, todos deberemos pagar. Estas son cantidades que no podemos darnos el lujo de perder en deslizamientos de tierra o en los cauces de ríos desbordados cada año.
Los más vulnerables son los de siempre. Por lo general, estas pérdidas afectan a los que menos poseen, los más expuestos y vulnerables, los de menos acceso a servicios básicos, en fin, los de siempre.
Se caen puentes y carreteras que impiden el comercio y la producción en las provincias; decenas de hogares resultan afectados en los barrios; el ganado, las aves de granja y los cerdos que dan sustento a miles de familias se quedan sin pastos para comer o se los lleva la corriente, dejando a sus dueños sin comida ni fuentes de ingreso. Estos animales significan el ahorro de toda una vida para familias productoras en Guanacaste, la Zona Sur y el Atlántico.
Evitar desastres está en nuestras manos. Prepararse para evitar desastres es una cuestión que nos compete a todos y no podemos esperar a que una mano divina o natural prepare un botiquín o elabore barreras de protección por nosotros. A Dios rogando y con el mazo dando.
El Estado debe tener una política de reducción de riesgo a largo plazo y destinarle presupuesto, no solo reaccionar luego del desastre. Cada uno de nosotros puede ir llenando su propia alcancía para eventualidades; participar, informarse y crear un plan de emergencia familiar que incluya a sus animales también.
Los costarricenses tenemos que tener presente al medio ambiente todo el año y en todo momento. Es tiempo de dejar de echarle la culpa a la naturaleza por nuestra falta de preparación y empezar a tomar control de nuestro destino.

Gerardo Huertas Arias
Director de Manejo de Desastres de la Sociedad Mundial para la Protección Animal
[email protected]